Look into people's eyes/Mirar a los ojos de las personas (eng-esp)
Hello, friends of Holos & Lotus
Sometimes, I go out for a drink or just for a walk around the neighborhood and I stop to observe. I see people in the bars, on the benches in Plaza del Castillo, even strolling along the walls.
And more and more, the same image comes to mind: a group of friends sitting at a table, each one absorbed in their phone screens.
Sometimes it even happens with my children. I see them together, they share physical space, but they are incredibly alone.
It's the most heartbreaking paradox of our time: we are hyperconnected, and yet we've never been so isolated.
I remember, not so long ago, when I was still in Cuba, that meeting up with friends meant looking into each other's eyes, really laughing (with that laugh that comes from the throat, not from an emoji 😁), sharing things with our voices, with our gestures. We did it with that complicity that builds when we share the same air.
Now, too often, we meet up to... stay connected, but with others who aren't present.
Even a simple conversation can last for days, between the time we send the message and the time they respond.
The conversation is constantly interrupted by a notification, a meme we have to watch, a reel that can't wait.
Sometimes we just stare at our phones, waiting for the screen to light up with a notification... any notification.
The person in front of us loses value in front of the screen. The here and now dissolves into a digital universe of likes and ephemeral comments.
Haven't you noticed that we're losing the art of conversation, the pleasure of an unhurried chat, with no other stimulus than each other's company?
There are those who can't even converse for more than a minute.
Wow, a new phobia has even emerged: nomophobia (not Mobile Phobia).
And what hurts me the most, what I see with real concern, is what's happening to the children. From my window, I miss the sound of balls hitting the wall, the running, the laughter of children playing in the street.
Now I only hear the silence.
Where are they? In their rooms, immersed in online games with aliases from other continents, but without knowing the name of their neighbor down the stairs.
They socialize, yes, but through a screen... if you can even call communicating with a language of acronyms and rapid-fire audio clips socializing.
How are they going to learn to interpret a look, a tone of voice, a gesture of disappointment or joy? They're growing up in a world where a "like" carries more weight than a hug, and that terrifies me.
We're stealing their real childhood, the one with scraped knees and secrets whispered in their ears, to give them a virtual, curated, and filtered childhood.
A childhood almost devoid of empathy.
Even the most basic aspects of friendship are being lost. Before, friends' birthdays were seared into our memories. Now, if our phone doesn't set an alarm with a reminder or "Facebook notifies us," they slip away completely.
It's no longer an important piece of information we fondly store; it's just another entry in a digital calendar that manages our relationships for us.
We're becoming so dependent on technology that even our affections are externalized.
We spend less time together, and when we do, it's sometimes out of social obligation, not a genuine desire to truly connect. We prefer the solitary comfort of our couch and our thousand screens to the effort, sometimes chaotic but always rewarding, of authentic human interaction.
I now live in Pamplona, a city with such a rich and powerful social life, with its clubs, its festivals, its traditions that are pure human contact... and yet, they don't seem to notice.
Today we are locking ourselves into individual worlds. I fear we are building a society of individuals connected to the network, but disconnected from each other.
And in the end, no matter how much we talk through a screen, what we long for, what truly nourishes us, is for someone to truly listen to us, look us in the eye, and ask us, without distractions: How are you? That's what I miss. That's what an alarm shouldn't have to remind us of.
En español
Hola, amigos de Holos & Lotus
A veces, salgo a tomar algo o simplemente a caminar por el barrio y me paro a observar. Veo a la gente en los bares, en los bancos de la Plaza del Castillo, incluso paseando por las murallas.
Y cada vez más, me asalta la misma imagen: un grupo de amigos sentados a la mesa, y cada uno absorto en la pantalla de su móvil.
A veces me pasa incluso con mis hijos. Los veo juntos, comparten espacio físico, pero están increíblemente solos.
Es la paradoja más desgarradora de nuestro tiempo: estamos hiperconectados y, sin embargo, nunca nos hemos estado tan aislados.
Recuerdo, no hace tanto, cuando aún estaba en Cuba, que quedar con los amigos significaba mirarnos a los ojos, reírnos de verdad (con esa risa que sale de la garganta y no de un emoji 😁), contarnos las cosas con la voz, con los gestos. Lo hacíamos con esa complicidad que se crea cuando se comparte el mismo aire.
Ahora, demasiadas veces, quedamos para… seguir conectados, pero con otros que no están presentes.
Hasta una conversación sencilla puede durar días, entre que enviamos el mensaje y que nos responden.
La conversación se interrumpe constantemente por una notificación, un meme que hay que mirar, un reel que no puede esperar.
A veces solo nos quedamos mirando el teléfono esperando que la pantalla se ilumine con alguna notificación... cualquiera.
La persona de enfrente pierde valor frente a la pantalla. El aquí y el ahora se diluyen en un universo digital de likes y comentarios efímeros.
¿No se han dado cuenta que estamos perdiendo el arte de la conversación, el placer de una charla sin prisas, sin más estímulo que la compañía del otro?
Hay quienes ni siquiera sabe conversar por más de un minuto.
Vaya, que hasta una nueva fobia ha surgido: la nomofobia, (no Mobile Phobia).
Y lo que más me duele, lo que veo con verdadera preocupación, es lo que les pasa a los niños. Desde mi ventana, echo de menos el sonido de las pelotas golpeando en la pared, las carreras, las risas de los niños jugando en la calle.
Ahora solo escucho el silencio.
¿Dónde están? En sus habitaciones, inmersos en partidas online con alias de otros continentes, pero sin conocer el nombre de su vecino de escalera.
Socializan, sí, pero a través de una pantalla... si es que se puede llamar socializar a comunicarse con un lenguaje de siglas y audios rápidos.
¿Cómo van a aprender a interpretar una mirada, un tono de voz, un gesto de decepción o de alegría? Están creciendo en un mundo donde un “me gusta” tiene más peso que un abrazo, y eso me aterra.
Les estamos robando la infancia real, la de los raspones en las rodillas y los secretos susurrados al oído, para darles una infancia virtual, curada y filtrada.
Una infancia casi sin empatía.
Hasta las cosas más básicas de la amistad se están perdiendo. Antes, los cumpleaños de los amigos los llevabas grabados a fuego en la memoria. Ahora, si el teléfono no nos pone una alarma con un recordatorio o “facebook nos avisa”, se nos pasan por completo.
Ya no es un dato importante que almacenamos con cariño; es una entrada más en un calendario digital que gestiona nuestras relaciones por nosotros.
Nos estamos volviendo tan dependientes de la tecnología que hasta nuestros afectos están externalizados.
Quedamos menos, y cuando lo hacemos, a veces es por obligación social, no por ese deseo genuino de conectar de verdad. Preferimos el confort solitario de nuestro sofá y nuestras mil pantallas al esfuerzo, a veces caótico pero siempre gratificante, de la interacción humana auténtica.
Ahora vivo en Pamplona, una ciudad con una vida social tan rica y potente, con sus peñas, sus fiestas, sus tradiciones que son puro contacto humano… y sin embargo, no parecen enterando de eso.
Hoy en día nos estamos encerrando en mundos individuales. Temo que estamos construyendo una sociedad de individuos conectados a la red, pero desconectados los unos de los otros.
Y al final, por mucho que hablemos a través de una pantalla, lo que anhelamos, lo que de verdad nos nutre, es que alguien nos escuche de verdad, nos mire a los ojos y nos pregunte, sin distracciones: ¿Cómo estás?. Eso es lo que echo de menos. Eso es lo que no debería tener que recordarnos una alarma.
Congratulations @riblaeditores! You have completed the following achievement on the Hive blockchain And have been rewarded with New badge(s)
Your next target is to reach 600 upvotes.
You can view your badges on your board and compare yourself to others in the Ranking
If you no longer want to receive notifications, reply to this comment with the word
STOP
La tecnología es una herramienta poderosa que puede enriquecer nuestras vidas, pero si permitimos que se convierta en el único medio para expresar y experimentar el afecto, corremos el riesgo de perder la profundidad y la autenticidad de las conexiones humanas. La pregunta clave es: ¿la tecnología está facilitando el afecto o lo está reemplazando? Un abrazo riblaeditores.
Hola, esa pregunta suya está muy interesante. Tanto que merece un post solo para responderla.
Pero te adelanto, que es parte y parte. Depende de cada quien.
@topcomment
@commentrewarder
Holaaa, es un tema que merece ser evaluado, estamos en la era de la revolución del internet y cada día se utilizará más tecnología, hay que estar muy conscientes de su uso, y nosotros los adultos orientar a nuestros niñas, niños y adolescentes.
@tipu curate 7
Upvoted 👌 (Mana: 0/70) Liquid rewards.