Entrada al Concurso de minicuentos de Literatos | Aquiles de Casiruco [Esp-Eng]

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Como cada vez que @es-literatos convoca a un concurso, yo me dispongo a hacer mi participación, con el ánimo de animar a otros a hacer lo mismo, hoy me sumo al nuevo reto.

En esta oportunidad se trata del Concurso de minicuentos en honor al maestro Juan Rulfo y se nos pide "ficcionar la vida de una familia en un pueblo imaginario, tomando en cuenta los rasgos de nuestros pueblos hispanoamericanos".

Así que con mucho gusto acá comparto mi historia, que espero resulte del agrado de los lectores, e invito a todos a sumarse a este interesante desafío.


English version below!

Aquiles de Casiruco

En el pueblo de Casiruco, la lluvia no mojaba la piel sino que teñía los recuerdos. Dependiendo del color de la lluvia la gente amanecía con nostalgia del mar o evocaban amores pasados y, según la intensidad, recuperaban la memoria por completo.

Aquiles, pintor del pueblo, pinta con lágrimas porque Eloísa, su amor nunca correspondido, se fue tras un viajero que le prometió las estrellas.

—¡Tonta por creerle al charlatán! Como si uno no supiera que las estrellas no se pueden bajar, pues bien pegadas que están del cielo para que no haya un accidente si una se cae.

Pero él la llamaba “tonta” solo para tratar de aliviar su pena. Porque la verdad es que el rostro de ella estaba grabado en las pupilas del pintor. Por eso, cada vez que llovía, se vestía como si fuera un buzo con escafandra: sombreros de ala ancha, un impermeable de esos que usan los guardacostas, botas altas de goma y por encima de todo un enorme paraguas que alcanzaba para cubrir una procesión completa. Pues él temía que una sola gota de lluvia que tocara su cuerpo le hiciera revivir aquel momento cuando vio por vez primera a la hija de Enriqueta, la casabera.

Todas las hijas de ella parecían sacadas de cuentos de hadas. En el pueblo decían que era un pacto que aquella mujer había hecho y que lo estaba pagando con su propio cuerpo, pues con apenas 40 años, parecía una anciana de 100.

La mayor era Indiriana. Cuando el sol se reflejaba en su cabello, Casiruco completo se iluminaba y visto desde la distancia el pueblo mostraba un techo de luz como las grandes ciudades a lo lejos. Quizá fue así que llegó hasta el pueblo el gobernador, quien al verla perdió el habla y tuvo que escribir en un papel que quería casarse con ella. En esa época casi nadie sabía leer en Casiruco y tuvieron que esperar a que apareciera la maestra, quien había estado cazando mariposas en el Alto Orinoco. Solo después se pudo organizar la gran fiesta en la que regalaron tizana durante una semana y en todas las plazas hubo música de retreta. Bueno, en realidad solo hay dos plazas en este pueblo.

La segunda heredó el nombre de la madre, Enriqueta. Dicen que es la más hermosa de todas. Hace años que nadie la ve pues de tan bella que es, según dicen algunos, el cielo envidioso la condenó al encierro, pues cuando apenas estaba desarrollándose, como a sus 13 años, cada vez que salía a la calle un rayo le cerraba el paso y empezaba a llover como en diluvio. Eso pasó cinco o seis veces hasta que ella misma decidió encerrarse en el convento de las monjas de Las Madres del Consuelo y nunca se deja ver.

La más joven de las descendientes es el sueño anhelado de Aquiles, una morena de cabellos lacios a la cintura. Los ojos de Eloísa son como la noche en el desierto: inmensos, profundos y llenos de estrellas que solo parpadeaban cuando ella ríe. Siempre viste vestidos de seda que revolotean como golondrinas con el viento.

Aquiles sabía de ella, pero nunca la había visto hasta ese día en la escuela. Nunca en Casiruco hubo tanto calor como cuando la mirada de aquella jovencita se posó en la cara del aprendiz de pintor. Las mejillas del muchacho se encendieron como la fragua del herrero, un sudor intenso cubrió cada palmo de su cuerpo y una forma nueva de “deseo” brotó en el muchacho.

Pero de eso ya hace tiempo y entre la timidez de Aquiles y ese extraño Fernweh de la joven mujer —esa extraña nostalgia de ella por lugares en los que nunca ha estado— sus vidas corrían en líneas paralelas.

Un día llegó un comerciante extranjero que logró lo que Aquiles soñó durante años, conquistó el corazón de la joven y se la llevó.

Desde entonces Aquiles solo pinta sus paisajes con lágrimas, se cuida de la lluvia y canta en su mente una canción que le silencia los recuerdos.

English Version

Every time @es-literatos announces a contest, I prepare my entry with the goal of encouraging others to do the same; today, I join this new challenge.

This time, it is the Flash Fiction Contest in honor of Master Juan Rulfo. We are asked to "create a fictional account of a family’s life in an imaginary town, considering the characteristic traits of our Hispanic American people."

It is my pleasure to share my story here, and I hope readers enjoy it. I invite everyone to join this compelling challenge.


Aquiles from Casiruco

In the town of Casiruco, the rain did not wet the skin but rather tinted memories. Depending on the color of the rain, people would wake up with a longing for the sea or evoke past loves, and, depending on the intensity, they would recover their memory entirely.

Aquiles, the town painter, painted with tears because Eloísa, his unrequited love, left with a traveler who promised her the stars.

“Fool for believing that charlatan! As if one didn’t know that stars cannot be brought down; they are stuck tight to the sky so there won't be an accident if one falls.”

But he called her a “fool” only to try and soothe his grief. For the truth was that her face was engraved upon the painter’s pupils. That is why, every time it rained, he dressed like a diver in a wetsuit: wide-brimmed hats, a raincoat like those used by coastguards, tall rubber boots, and, above all else, an enormous umbrella large enough to cover an entire procession. For he feared that a single drop of rain touching his body would make him relive that moment when he first saw the daughter of Enriqueta, the casaba maker.

All of her daughters seemed plucked from fairy tales. In town, they said the woman had made a pact and was paying for it with her own body; at barely forty years old, she looked like a hundred-year-old crone.

The eldest was Indiriana. When the sun reflected off her hair, all of Casiruco would light up, and seen from a distance, the town displayed a ceiling of light like great cities far away. Perhaps that was how the governor reached the town; upon seeing her, he lost his speech and had to write on a piece of paper that he wanted to marry her. In those days, almost no one knew how to read in Casiruco, and they had to wait for the teacher to appear, who had been hunting butterflies in the Upper Orinoco. Only then could the great feast be organized, where they gave away tizana for a week and retreta music played in every plaza. Well, in reality, there are only two plazas in this town.

The second daughter inherited her mother’s name, Enriqueta. They say she is the most beautiful of all. No one has seen her for years because she is so lovely that, according to some, the envious sky condemned her to confinement; when she was just blossoming, around thirteen years old, every time she stepped out into the street, a bolt of lightning blocked her path and a deluge began. This happened five or six times until she herself decided to shut herself away in the convent of the nuns of The Mothers of Consolation, and she is never seen.

The youngest of the descendants is Aquiles' longed-for dream, a brunette with straight hair down to her waist. Eloísa’s eyes are like the night in the desert: immense, deep, and full of stars that only blinked when she laughed. She always wears silk dresses that flutter like swallows in the wind.

Aquiles knew of her, but he had never seen her until that day at school. Never in Casiruco was there such heat as when that young girl’s gaze landed on the face of the apprentice painter. The boy’s cheeks ignited like a blacksmith’s forge, an intense sweat covered every inch of his body, and a new form of "desire" blossomed within him.

But that was long ago, and between Aquiles' shyness and the young woman’s strange Fernweh—that odd nostalgia for places where one has never been—their lives ran in parallel lines.

One day, a foreign merchant arrived and achieved what Aquiles had dreamed of for years: he conquered the young woman's heart and took her away.

Since then, Aquiles only paints his landscapes with tears, shields himself from the rain, and sings a song in his mind that silences his memories.

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"De la vida, la pasión y de la muerte"

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Un cuento de un realismo mágico muy bien logrado, con una historia muy característica de nuestra identidad. Saludos, @ylich.

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Pobre Aquiles. El que no arriesga nada pierde, pero tampoco nada gana. Gracias por este regalo 🫂

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