De algunos olores || Of Certain Scents

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Día 31

La brisa mañanera enfrió los rostros de quienes se preparaban para cerrar el año con broche de oro. Un pan de jamón esperaba por su proceso para al final de la noche acompañar el resto del menú navideño que ya se había adelantado.

El sonido de la parrandas y aguinaldos hacía el soundtrack perfecto para despedir un año más.

El olor del pan de jamón, en sus distintas etapas, fue el guion principal de la jornada.

Al disiparse la luz del día, se sumaron los apetitosos olores de las hallacas que empezaron su proceso de ebullición para salir de las gélidas temperaturas del congelador, a la vez que competían con los vapores que emanaban del envase donde recibía su dosis de calor el pernil.

Las clásicas canciones de la medianoche del 31 surgían de la radio (el medio indiscutible para que las doce de la noche no dependieran de un reloj específico): “Faltan cinco pa’las doce el año va a terminar…”, la cual por primera vez bailamos en una rueda, mientras acompañábamos la voz que salía del rudimentario aparato.

Y luego de los abrazos, los besos, las uvas, cada una con su respectivo deseo… y entonces, la cena.

Día 1

La actividad empezó con los primeros rayos del sol, pues la jornada iba a ser ardua. Para las esperadas lentejas del 1°, había que empezar por poner las paticas de cochino a cocinar en abundante agua. Siguiente paso: picar los aliños, la cebolla haciendo derramar una que otra lágrima, el ajo impregnando todo lo que tocaba y mucho más, el olor del ají dulce, el pimentón y la suma de todos ellos despertando el apetito de todos.

Una lista de reproducción de música seleccionada especialmente para la ocasión empezó a alegrar cada rincón de la casa, música de los más destacados artistas venezolanos de los años 70, 80 y 90 fue impregnando el espíritu de todos.

A las 6:00, los primeros invitados, las pláticas y las risas competían con el volumen del equipo de sonido. Amigos, familia, jovencitos, niños, adultos y (tal como dicen ahora) adultos mayores.

A la hora de servir la comida, se sumaron a las percepciones olfativas los picantes indígenas de nuestros pueblos originarios de Venezuela, la catara y el murupy.

Hasta la hora de retirada del último comensal.

Día 2

Como un regalo especial tras el trajín de la Navidad, el Año Nuevo y las lentejas del 1°, el día se presentó apacible, cálido, ideal para reposar un buen rato en una silla tumbona, disfrutando de una brisa suave y acaramelada.

Ambiente propicio para retomar los pensamientos laborales, los proyectos, los sueños y anhelos.

Al final de la tarde, con la mente despejada, descansada y fresca, volví al estudio, con su ambiente frío y el aroma a área de trabajo: computadoras, pantallas, piano, guitarras y varios cuatros.

Tomé el teclado y empecé a tipear, como si tuviera tiempo que no lo hacía y el único sonido del ambiente pasó a ser el tamborileo de mis dedos sobre cada tecla.

Día 3

En mi frenesí laboral, me quedé hasta pasada la medianoche, esbozando texto, desatando ideas.

Con la sensación de haber tenido una buena labor, apagué los equipos y comencé mi ritual de antes de ir a la cama: sentarme en el baño y hacer un par de sudokus, que sirven para despejar la mente.

El silencio habitual de las noches empezó a perder su presencia al integrarse, de a poco, el sonido de un rotor, un motor silencioso, que se iba acercando mientras despertaba mi interés. De pronto el silbido penetrante que producen los aviones (o los misiles) cuando surcan los aires y casi de inmediato, el sonido de una explosión. En la ventana del baño se sintió la fuerza de un torrente de aire que levantó la cortina, como si de una tormenta se tratara, y que sacudió de manera estruendosa la puerta de aquel recinto.

Los destellos de luz, el aterrador sonido de las explosiones, que empezó a reproducirse a más distancia, el zumbido constante de naves en el cielo le abrieron la paso a un nuevo olor: el de la guerra y de la muerte.

![English version]

Day 31

The morning breeze chilled the faces of those preparing to end the year on a high note. A pan de jamón awaited its preparation, set to join the rest of the Christmas menu—already well underway—at the end of the night.

The sound of parrandas and aguinaldos provided the perfect soundtrack to bid farewell to another year.

The scent of the pan de jamón, in its various stages, was the main script of the day.

As daylight faded, the appetizing aromas of the hallacas joined in. They began their boiling process, emerging from the freezing temperatures of the freezer while competing with the steam rising from the tray where the pernil (roast pork) was receiving its dose of heat.

The classic midnight songs of the 31st drifted from the radio—the undisputed medium for ensuring midnight didn't depend on any one specific watch: “Faltan cinco pa’ las doce, el año va a terminar…” For the first time, we danced to it in a circle, singing along with the voice coming from the rudimentary device.

And after the hugs, the kisses, and the grapes (each with its respective wish)… then, dinner.

Day 1

Activity began with the first rays of sun, as the day promised to be arduous. For the long-awaited January 1st lentils, we had to start by putting the pig's trotters to cook in plenty of water. Next step: chopping the seasonings—the onion drawing a tear or two, the garlic soaking into everything it touched and more, the scent of the ají dulce, the bell pepper, and the sum of them all awakening everyone's appetite.

A playlist of music specially selected for the occasion began to brighten every corner of the house; music from the most prominent Venezuelan artists of the 70s, 80s, and 90s infused everyone's spirit.

By 6:00, the first guests arrived; the chatter and laughter competed with the volume of the sound system. Friends, family, teenagers, children, adults, and (as they say now) "older adults."

When it came time to serve the food, the olfactory experience was joined by the indigenous hot sauces of Venezuela’s native peoples: catara and murupy.

Until the time the last guest finally departed.

Day 2

Like a special gift after the hustle and bustle of Christmas, New Year’s, and the lentils of the 1st, the day presented itself as peaceful and warm—ideal for resting a while in a lounge chair, enjoying a soft, honeyed breeze.

An environment conducive to returning to work thoughts, projects, dreams, and desires.

By late afternoon, with a clear, rested, and fresh mind, I returned to the studio with its cool atmosphere and the scent of a workspace: computers, screens, a piano, guitars, and several cuatros.

I took to the keyboard and began to type as if I hadn't done it in ages, and the only sound in the room became the drumming of my fingers on each key.

Day 3

In my work frenzy, I stayed up past midnight, sketching out text and unleashing ideas.

With the feeling of a job well done, I turned off the equipment and began my pre-bedtime ritual: sitting in the bathroom and doing a couple of Sudokus to clear my mind.

The habitual silence of the night began to lose its presence as it was joined, little by little, by the sound of a rotor—a quiet engine that drew closer, sparking my curiosity. Suddenly, the piercing whistle produced by planes (or missiles) as they streak through the air, and almost immediately, the sound of an explosion. Through the bathroom window, I felt the force of a torrent of air that lifted the curtain as if a storm had hit, thunderously shaking the door of the room.

The flashes of light, the terrifying sound of explosions starting to repeat further off, and the constant hum of craft in the sky opened the way for a new smell: that of war and death.

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Image by Joe from Pixabay

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"De la vida, la pasión y de la muerte"

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El impacto fue chocante cuando desperté esta mañana y puse los datos del teléfono, comenzaron entrar notificaciones hasta por gusto, espero que todo esté en calma por allá.

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Bueno, estamos en la calma que dejan estas cosas... que no son nada fáciles de digerir.

¡Gracias!

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Un diario del fin de año y del inicio del nuevo que recoge las vivencias de la apacibilidad y el disfrute, lamentablemente rotas con la irrupción de la violencia. Saludos, @ylich.

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¡Así es, José! ¡Muchas gracias por tu valoración!

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¡Muchas gracias, amigos!

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¿Qué tal, camarada Ylich?

Deja de llorar, es hora de luchar.

Debemos rescatar a nuestro presidente. Tienes sangre revolucionaria; siempre apoyaste a nuestro comandante eterno, y ahora es el momento de advertir a los demás simpatizantes chavistas en Hive que debemos luchar por la gran patria de Bolívar, Chávez y Maduro.

¡Patria, Socialismo o Muerte!

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Esperemos que la noche y sus sombras den pronto paso a la luz de la paz y el amanecer...

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¡Que así sea! ¡Gracias!

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El año viejo se despidió dejándonos olores a comida, ambiente festivo de cantos y de unión familiar. El año nuevo dio sus primeros pasos con ruido de cañones, olores a pólvora y humo. Todos los habitantes de Venezuela estamos unidos ahora por el miedo, por la zozobra y por el deseo de que soplen vientos de paz que ahuyenten la guerra.

Fue grato leerte. Un abrazo.

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¡Muy acertadas tus palabras! ¡Esperamos con ansias que la paz sea la única opción siempre!

¡Muchas gracias!

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Tengo fe de que así será, porque cuando muchas personas desean lo mismo, el universo sabe retribuirnos.

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