Una esquina cualquiera

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Caminando por las calles de mi barrio, me topé con esta imagen que me hizo detenerme un momento: una serie de púas metálicas oxidadas, soldadas a una barra horizontal que bordea una pared baja. Como dientes de un animal viejo y cansado que aún muerde para defender su territorio.

El óxido que las cubre es evidencia de la erosión del tiempo y descuido. Quizás represente la situación de gente que vió tiempos mejores y hoy merma junto al país.

Al fondo, el concreto gris de la acera se extiende atravesado por un poste solitario que parece ignorar todo el asunto.

Estas púas no están ahí por casualidad. Son la "arquitectura hostil" del egoísmo o quizás del hastío, porque no todo el mundo es gentil ni todo el mundo respeta lo ajeno. En los últimos tiempos la inseguridad es un tema diario, tal vez siempre lo fue.

Son pinchos para disuadir a los intrusos o los borrachos. Desde hace décadas en Cuba las casas y negocios se fortifican con rejas, alambres de púas y vidrios rotos en sus muros. El discurso de tranquilidsd ciudadana de las autoridades es solo eso un discurso. Entre delincuentes reina la impunidad.

Mientras la gente sufre el costo humano. Convertir en prisiones cómodas los hogares para tener más seguridad. ¿Y los más vulnerables? Cada vez son más, ¿cuántas veces estos elementos terminan afectándolos?

Imagina a un indigente buscando un lugar para descansar en una noche fría; estas púas le dicen "no aquí, vete a otro lado".

Y ya los niños no pueden jugar cerca sin correr el riesgo de lastimarse.

Es como si la ciudad misma se armara contra sus habitantes, pero parece no haber otra alternativa. La ley de la selva parece ser la única ley hoy en la llave del Golfo.

Veo esta foto y pienso en mi propia casa: tengo una reja similar. Nunca la tuvimos hasta que hizo falta. No me enorgullece, pero es realista. Vivir en Cuba significa equilibrar la paranoia con la esperanza.

Ojalá podamos evolucionar hacia ciudades más amables, donde las púas sean reliquias del pasado y no herramientas del presente.


© Enrique Yecier
Todos los derechos reservados sobre texto e imagen.



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Excelente tu análisis, es increíble como los objetos representan nuestra espiritualidad. En este caso el egoísmo y mantener posesión pese a todo. Un abrazo

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Es triste, pero es una realidad. Muy lamentable que la humanidad llegue a esos límites... No encuentras nada más parecido a estas púas que una trampa de esas que usan los cazadores furtivos de zorros.

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Así es, cuando la inseguridad reina la gente tiende a ser más egoístas.

Acá he visto como se roban de los edificios las tuberías de agua, los cables eléctricos, etc. y la policía casi nunca hace nada. Lo mismo con los borrachos y la gente violenta.

Es penoso la verdad.

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Una triste realidad, es la jungla. Sálvese quien pueda.

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