"Damage, una película que nos invita a mirar nuestras emociones" [Es-En]

Queridos amigos de Green Zone, me alegra mucho volver a compartir con ustedes. Esta vez quiero contarles una experiencia que surgió gracias a una sugerencia de una amiga: ver la película Damage (Herida, 1992), dirigida por Louis Malle. Y la verdad, agradezco haber seguido su consejo.
La conversación con mi amiga nació después de que ella leyó algunas reflexiones mías sobre el resentimiento, el trauma y la resiliencia, sobre cómo a veces el dolor puede transformarse en fuerza y energía vital. Ella me habló de la calidad de la película y, sobre todo, de una frase que consideró el corazón de la historia: “Una persona herida es peligrosa porque sabe que puede sobrevivir”.
La trama de Damage es intensa y elegante a la vez. Stephen Fleming, interpretado por Jeremy Irons, es un parlamentario británico con una vida aparentemente perfecta: esposa, dos hijos y una carrera política sólida. Todo cambia cuando conoce a Anna Barton (Juliette Binoche), periodista y prometida de su hijo. Lo que empieza como atracción se convierte en una relación apasionada y obsesiva que amenaza con destruirlo todo. La película muestra cómo deseo y dolor se entrelazan, y cómo las heridas emocionales pueden empujar a los personajes hacia decisiones irreversibles.

Coincidí con mi amiga en que la frase “Una persona herida es peligrosa porque sabe que puede sobrevivir” va más allá de la trama y toca algo esencial de nuestra condición humana. En la película refleja la entrega de los protagonistas a la pasión, aun sabiendo que puede arruinarlos. Stephen, pese a su éxito exterior, vive un vacío interno profundo. Arriesga todo para llenarlo, incluso su carrera y su paz aparente. Anna, marcada por la muerte de su hermano, parece buscar en esa relación prohibida la intensidad que le devuelva sentido y motivación. Ambos muestran cómo el dolor no resuelto puede convertirse en un peligro real.
Fuera del marco de la película, creo que esa frase sigue siendo vigente y nos habla a todos en nuestras relaciones. Todos hemos pasado por heridas, pérdidas, decepciones y frustraciones, lo que yo suelo llamar el precio inevitable de estar vivos. Y el hecho de haberlas sobrevivido nos convence de nuestra resiliencia.
Esa convicción puede guiarnos hacia el crecimiento y la empatía, ayudándonos a ponernos en el lugar de los demás. Pero también puede llevarnos a actuar sin medir consecuencias, a arriesgar vínculos o a proyectar nuestro dolor en otros. El peligro no está en la herida en sí, sino en cómo la manejamos.

Lo deseable es vivir con estabilidad emocional, reconocer nuestras heridas y carencias, porque negarlas o esconderlas solo las convierte en actitudes dañinas que afectan nuestras relaciones.
Cuando logramos integrar nuestras heridas, el panorama cambia: el dolor se transforma en aprendizaje, crecimiento y madurez.
Quiero dejar claro que vivir con inteligencia emocional no significa volverse frío o distante, sino evitar que las experiencias amargas nos empujen a conductas destructivas.

La frase de esta gran película también sugiere que una persona herida puede ser más fuerte y menos impulsiva. Pero no debemos olvidar que no caminamos solos: convivimos con otros que también cargan sus heridas, y que necesitan comprensión y comunicación para que se cumpla aquello que la sabiduría popular resume tan bien: “Vive plenamente, y deja que otros vivan plenamente”.
Para cerrar, comparto una reflexión que considero esencial: son las actitudes no disruptivas las que nos permiten transformar las heridas en sabiduría. En la película, los personajes se dejan arrastrar por la pasión y el vacío, y eso los lleva a la tragedia. En nuestra vida, podemos elegir otro camino: el de la comunicación honesta, el reconocimiento de nuestras emociones y la empatía hacia quienes también cargan sus propios dolores. No se trata de negar lo que sentimos, sino de canalizarlo de manera que no destruya lo que hemos construido ni dañe a quienes nos rodean. La verdadera fuerza está en integrar nuestras heridas, no en dejar que nos vuelvan peligrosos, sino en convertirnos en personas capaces de construir relaciones sanas, estables y plenas.


English Version

"Damage, a film that invites us to look at our emotions"
Dear friends of Green Zone, I’m really glad to be here again sharing with you. This time I want to tell you about an experience that came from a friend’s suggestion: watching the film Damage (1992), directed by Louis Malle. Honestly, I’m grateful I followed her advice.
The conversation with my friend started after she read some of my thoughts on resentment, trauma, and resilience—on how pain can sometimes turn into strength and vital energy. She mentioned the quality of the film and, above all, a line she felt was at the heart of the story: “A wounded person is dangerous because they know they can survive.”
The plot of Damage is both intense and elegant. Stephen Fleming, played by Jeremy Irons, is a British parliamentarian with what looks like a perfect life: a wife, two children, and a solid political career. Everything changes when he meets Anna Barton (Juliette Binoche), a journalist who happens to be engaged to his son. What begins as attraction grows into a passionate, obsessive relationship that threatens to destroy everything. The film shows how desire and pain intertwine, and how emotional wounds can push characters toward irreversible choices.

I agreed with my friend that the phrase “A wounded person is dangerous because they know they can survive” goes beyond the plot and touches something essential about our human condition. In the film, it reflects the way the characters give themselves over to passion, even knowing it might ruin them. Stephen, despite his outward success, suffers from a deep inner emptiness. He risks everything to fill it, even his career and peace of mind. Anna, scarred by the death of her brother, seems to seek in this forbidden relationship the intensity that might restore meaning to her life. Both show how unresolved pain can become a real danger.
Outside the film, I think the phrase still rings true and speaks to all of us in our relationships. We’ve all faced wounds, losses, disappointments, and frustrations—what I often call the inevitable price of being alive. And surviving them convinces us of our resilience.
That conviction can guide us toward growth and empathy, helping us step into others’ shoes. But it can also lead us to act without thinking, to risk bonds, or to project our pain onto those around us. The danger isn’t in the wound itself, but in how we deal with it.

What’s desirable is to live with emotional stability, to recognize our wounds and dissatisfactions, because denying or hiding them only turns them into harmful attitudes that damage our relationships.
When we manage to integrate our wounds, the picture changes: pain becomes learning, growth, and maturity.
I want to be clear that living with emotional intelligence doesn’t mean becoming cold or distant, but rather avoiding that bitter experiences push us into destructive behaviors.
The phrase from this remarkable film also suggests that a wounded person can be stronger and less impulsive. But we shouldn’t forget that we don’t walk alone: we live alongside others who also carry wounds, and who need understanding and communication so that what popular wisdom says can come true: “Live fully, and let others live fully.”

To close, I’d like to share a reflection I find essential: it’s non-disruptive attitudes that allow us to turn wounds into wisdom. In the film, the characters are swept away by passion and emptiness, and that leads them to tragedy. In our own lives, we can choose another path: honest communication, recognition of our emotions, and empathy toward those who also carry their own pain. It’s not about denying what we feel, but about channeling it in ways that don’t destroy what we’ve built or harm those around us. True strength lies in integrating our wounds—not letting them make us dangerous, but becoming people capable of building healthy, stable, and fulfilling relationships.


Conmovedor!!! Pero también real, realísimo!
Agradecida como siempre por poder leerlo, sin duda usted es el poeta de la Psiquiatría.
Muchísimas gracias a usted por sus muy amables comentarios y por leer mi humilde publicación. Abrazos de Luz!!!
Su humildad le hace grande. Dios lo bendiga.
¡Enhorabuena!
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Cordialmente
El equipo de CHESS BROTHERS
Aprecio mucho todo el apoyo recibido y doy testimonio de la alta estima en que tengo la labor que realizan.
Análisis que a mi mismo me repito a diario desde hace varios meses, pero se agradece recibirlo por alguien más y del modo en que nos los compartes. ¡Gracias!
Tu post ha sido votado por @Hispapro y curado manualmente por @roswelborges
¡No olvides sonreír!
Muy agradecido por el apoyo y por el hecho de poder aportar humildemente con estos temas relacionados con la condición humana, con las relaciones interpersonales y con el autocrecimiento.