Normalcy or illusion? Classes resume in Venezuela. [Eng+Spa] ¿Normalidad o ilusión? Reinicio de clases en Venezuela.

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Versión En español más abajo.



In Venezuela, we are on the eve of the resumption of classes, and it seems that every effort is being made to portray this as a sign that everything is returning to normal after the US military attack on Caracas. But how successful can this idea be?

We must consider that Venezuela is already experiencing a state of emergency, which contradicts the government's claim that things are back to normal.

Despite everything, I think it's understandable that they want to calm tempers, both among Maduro's remaining fervent supporters and among the opposition groups that might dare to demonstrate. The current interim government of Rodríguez needs (for its own good) to control the situation, or at least, it must give the impression that it does.

And this need for control, whether real or perceived, may lead the current Venezuelan government to try to show that everything is proceeding normally in the country. Let's try to develop these ideas a little further.

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A symbolic return.

With the resumption of classes, the interim government of Delcy Rodríguez seeks to project an image of continuity and stability. This is understandable: after such a tense moment—like the recent foreign military attack on Caracas—showing that children and young people are returning to classrooms, that teachers are preparing their lesson plans, and that schools, high schools, and universities are reopening their doors serves as a reassuring gesture.

But is this truly a sign of normalcy… or rather a carefully constructed illusion?

The uncomfortable contrast.

Herein lies the contradiction: while the “return to routine” is being announced, the country remains under a “state of exception,” a measure that, by definition, suspends or limits fundamental rights and expands the powers of the Executive branch.

One cannot speak of legal, social, or institutional normalcy while mobility restrictions, partial media censorship, extreme price controls, and limitations on peaceful protest are in place. This contrast is striking: for many Venezuelans, the return to school doesn't erase the long lines, the water shortages, the power outages, the medicine shortages, or the uncertainty about the future.

Calm or control?

Wanting to calm tensions isn't wrong. In times of stress, small gestures of normalcy—like a school bell, a clean uniform, or a new book—have enormous symbolic power. But when that gesture becomes a tool of political narrative, a key question arises: is the real well-being of the students prioritized, or the perception of control? At this moment, the interim government, aware of its fragility, needs both the support of its loyal base and the containment of any opposition that might resurface.

Showing that “everything is still working” is, in this context, a governance strategy… even if it doesn't always reflect daily reality.

And what do those who live and breathe school say?

Teachers, parents, and students are the true barometers. Many teachers are working without full pay or with months of delayed payments. Some schools lack reliable electricity, potable water, or basic supplies.

Children carry light backpacks… but they also carry difficult questions: "Why is there no light in the classroom? Why couldn't my mother buy school supplies? What happened in Caracas?". The “School normality”, after all, isn't built solely on calendars and schedules; it's built on dignified conditions, safety, and trust.

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In short:

The return to classes is an opportunity for normalization, not only educationally, but also socially and emotionally. But as long as the state of emergency persists, that opportunity risks being overshadowed by the feeling that we are acting “as if” everything is fine… without addressing what isn't.

True normality isn't announced, decreed, or ordered: it is built, step by step, with transparency, resources, and respect for rights. And that, for now, remains a work in progress.



English version above



En Venezuela estamos en la víspera del reinicio de las clases, y parece que se hace lo posible para que éste hecho se vea como una señal de que todo está regresando a la normalidad, luego del ataque de militares norteamericanos sobre Caracas. Pero, ¿qué tanto éxito puede tener ésta idea?

Hay que considerar que ya estamos en Venezuela pasando por un estado de excepción y eso contradice lo que el mismo gobierno dice de que estamos en normalidad.

A pesar de todo, creo comprensible que se quiera calmar los ánimos, tanto de los seguidores fervientes que aún tenga Maduro, como de los grupos opositores que se pueden atrever a manifestarse. El actual gobierno interino de Rodríguez necesita (por su propio bien) controlar la situación, o cuando menos, debe brindar la idea de que la controla.

Y esa necesidad de control, ya sea real o aparente, puede que lleve al actual gobierno de Venezuela a procurar mostrar que todo sigue adelante con normalidad en el país. Tratémos de desarrollar estas ideas un poco más.

Fuente de la imagen.


Un regreso simbólico.

Con el reinicio de las clases, el gobierno interino de Delcy Rodríguez busca transmitir una imagen de continuidad y estabilidad. Es comprensible: después de un momento tan tenso —como el del reciente ataque militar extranjero contra Caracas—, mostrar que los niños y jóvenes vuelven a las aulas, que los profesores y maestros preparan sus planes de enseñanza, y que los colegios, liceos y universidades abren sus puertas, Todo esto funciona como un gesto tranquilizador.

Pero ¿es realmente una señal de normalidad… o más bien una ilusión cuidadosamente montada?


El contraste incómodo.

Aquí está la contradicción: mientras se anuncia el “retorno a la rutina”, el país sigue bajo “estado de excepción”, una medida que, por definición, suspende o limita derechos fundamentales y amplía los poderes del Ejecutivo.

No se puede hablar de normalidad jurídica, social o institucional mientras rigen restricciones de movilidad, censura parcial de medios, controles de precios extremos y limitaciones a la protesta pacífica. Ese contraste no pasa desapercibido: para muchos venezolanos, el regreso a clases no borra las colas, los problemas con suministro de agua, fallas de servicio eléctrico, la escasez de medicinas ni la incertidumbre sobre el futuro.


¿Calmar o controlar?

No es malo querer calmar los ánimos. En tiempos de tensión, pequeños gestos de normalidad —como una campana escolar, un uniforme limpio o un libro nuevo— tienen un poder simbólico enorme. Pero cuando ese gesto se convierte en una herramienta de narrativa política, empieza a plantearse una pregunta clave: ¿se prioriza el bienestar real de los estudiantes o la percepción de control? En este momento, el gobierno interino, consciente de su fragilidad, necesita tanto el apoyo de sus bases leales como la contención de cualquier oposición que pueda reactivarse.

Mostrar que “todo sigue funcionando” es, en ese contexto, una estrategia de gobernabilidad… aunque no siempre coincida con la realidad cotidiana.


¿Y qué dicen los que viven La Escuela?

Los docentes, los padres, las madres y los estudiantes son los verdaderos termómetros. Muchos profesores trabajan sin sueldo completo o con retrasos de meses en sus pagos. Algunas escuelas carecen de electricidad estable, agua potable o materiales básicos.

Los niños llevan mochilas ligeras… pero también cargan preguntas difíciles: ¿por qué no hay luz en el salón? ¿Por qué mi mamá no pudo comprar útiles? ¿Qué pasó en Caracas?

La “normalidad escolar”, después de todo, no se construye solo con calendarios y horarios, se construye con condiciones dignas, seguridad y confianza.

Fuente de la Imagen.


En resumen:

El reinicio de clases es una oportunidad de normalización, no solo educativa, sino también social y emocional. Pero mientras persista el estado de excepción, esa oportunidad corre el riesgo de verse opacada por la sensación de que se está actuando “como si“ todo estuviera bien… sin resolver lo que no lo está.

La verdadera normalidad no se anuncia, no se decreta, ni se ordena: se construye, paso a paso, con transparencia, recursos y respeto a los derechos. Y eso, por ahora, sigue siendo un trabajo en curso.






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pedrobrito2004, you mined 1.0 🟧 HBIT. If you'd replied to another Hive user, the HBIT would be split: 0.9 to you and 0.1 to them as a tip. When you mine HBIT, you're also playing the Wusang: Isle of Blaq game. 🏴‍☠️

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Es cierto que la imagen de normalidad que intenta proyectar el gobierno interino puede resultar tranquilizadora para algunos, pero no se puede ignorar la realidad que enfrentan los ciudadanos día a día.
Las restricciones y problemas estructurales que mencionas siguen siendo un obstáculo para hablar de una verdadera estabilidad.
Aunque el regreso a clases es un paso positivo, no puede ocultar las profundas dificultades que persisten en el país.
La pregunta sobre si esto es una señal genuina de normalidad o una estrategia para calmar las tensiones es válida y refleja la desconfianza que muchos sienten frente a las acciones del gobierno.

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Admito que le tengo una desconfianza a casi todos los gobiernos, pero se ha agravado en nuestro caso particular en los últimos 27 años. Me gustaría mucho que las cosas se encaminaran a un estadio que se pueda considerar medio normal (cuando menos), pero soy terriblemente escéptico por las experiencias que ya hemos tenido.

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