Conquering Evil || Venciendo el Mal [ENG/ESP]
Good afternoon friends, today I share with you this passage from the book of Romans of the sacred scriptures, some words where we are called to trust in the justice of God, to respond to evil with acts of kindness and to overcome evil with good. .
Do not avenge yourselves, my beloved, but leave room for the wrath of God; for it is written: Vengeance is mine, I will repay, says the Lord. So if your enemy is hungry, feed him; If he is thirsty, give him a drink; for by doing this you will heap coals of fire on his head. Do not be defeated by evil, but overcome evil with good.
Romans 12:19-21
Amen
Do not avenge yourselves
Paul begins with a direct prohibition against personal revenge. The idea of revenge involves taking justice into our own hands, responding to evil with evil. However, Paul teaches that Christians should refrain from this impulse. Personal revenge can perpetuate a cycle of hatred and violence, which is not consistent with the Gospel message.
Leave room for the wrath of God
Instead of seeking revenge, believers should "make room for the wrath of God." This means trusting that God, who is just and omniscient, will appropriately judge and punish evil in due time. This teaching is rooted in trust in divine justice, which is perfect, in contrast to human justice, which can be influenced by emotions and prejudices.
For it is written: Vengeance is mine, I will repay, says the Lord
Paul quotes Deuteronomy 32:35, where God himself declares that vengeance belongs to him. In doing so, Paul reinforces that divine justice is a principle established since the Old Testament. This reminder emphasizes that God is the only one who has the authority and ability to repay correctly.
If your enemy is hungry, feed him; If he is thirsty, give him a drink
Paul then quotes Proverbs 25:21-22, urging believers to respond to the need of their enemies with acts of kindness. This command goes against human nature which tends to wish evil on enemies. On the contrary, Paul teaches that Christians should show mercy and compassion, even toward those who have wronged them.
For by doing this, you will heap embers of fire on his head
This phrase has been interpreted in various ways. A common interpretation is that the "embers of fire" represent a kind of conviction or shame that the enemy might feel upon receiving kindness instead of hate. Kindness can provoke reflection in the enemy about their own actions, potentially leading them to repentance.
Do not be defeated by evil, but overcome evil with good
Paul concludes with a powerful statement: evil must not dominate the believer. Instead of succumbing to the temptation to respond to evil with evil, Christians are called to overcome evil with good. This principle reflects the core of the Gospel, which teaches transformation through love and grace, rather than retribution and hate.
This teaching challenges believers to live a life marked by grace and love, reflecting the character of Christ in all their actions.
Fuente
Buenas tardes amigos, hoy les comparto esta un pasaje de las libro de Romanos de las sagradas escrituras, unas palabras donde donde se nos llamada a confiar en la justicia de Dios, a responder al mal con actos de bondad y a superar el mal con el bien.
No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
Romanos 12:19-21
Amén
No os venguéis vosotros mismos
Pablo comienza con una prohibición directa contra la venganza personal. La idea de vengarse implica tomar justicia en nuestras propias manos, respondiendo al mal con mal. Sin embargo, Pablo enseña que los cristianos deben abstenerse de este impulso. La venganza personal puede perpetuar un ciclo de odio y violencia, lo cual no es coherente con el mensaje del Evangelio.
Dejad lugar a la ira de Dios
En lugar de buscar venganza, los creyentes deben "dejar lugar a la ira de Dios". Esto significa confiar en que Dios, quien es justo y omnisciente, juzgará y castigará adecuadamente la maldad en su debido tiempo. Esta enseñanza está arraigada en la confianza en la justicia divina, que es perfecta, en contraste con la justicia humana, que puede estar influenciada por emociones y prejuicios.
Porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor
Pablo cita Deuteronomio 32:35, donde Dios mismo declara que la venganza le pertenece. Al hacerlo, Pablo refuerza que la justicia divina es un principio establecido desde el Antiguo Testamento. Este recordatorio subraya que Dios es el único que tiene la autoridad y la capacidad para retribuir correctamente.
Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber
Pablo luego cita Proverbios 25:21-22, instando a los creyentes a responder a la necesidad de sus enemigos con actos de bondad. Este mandato va en contra de la naturaleza humana que tiende a desear el mal a los enemigos. Al contrario, Pablo enseña que los cristianos deben mostrar misericordia y compasión, incluso hacia aquellos que les han hecho daño.
Pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza
Esta frase ha sido interpretada de diversas maneras. Una interpretación común es que las "ascuas de fuego" representan una especie de convicción o vergüenza que el enemigo podría sentir al recibir bondad en lugar de odio. La bondad puede provocar una reflexión en el enemigo sobre sus propias acciones, potencialmente llevándolos al arrepentimiento.
No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal
Pablo concluye con una declaración poderosa: el mal no debe dominar al creyente. En lugar de sucumbir a la tentación de responder al mal con mal, los cristianos están llamados a vencer el mal con el bien. Este principio refleja el núcleo del Evangelio, que enseña la transformación a través del amor y la gracia, en lugar de la retribución y el odio.
Esta enseñanza desafía a los creyentes a vivir una vida marcada por la gracia y el amor, reflejando el carácter de Cristo en todas sus acciones.