Enamorando al cerebro - Bitácora de una Neuróloga [Esp/Eng]

Soy neuróloga y cada día me maravillo de cómo un órgano de apenas kilo y medio, con consistencia muy parecida a la gelatina, sea el responsable de lo más profundo que sentimos. Por eso, cuando aún se huele el San Valentín, no puedo dejar de preguntarme: ¿qué pasa realmente en nuestras neuronas cuando decimos eso de "tengo mariposas en el estómago"?
Aunque la poesía lo sitúe en el corazón, no tengan dudas de que el amor es un fenómeno cerebral, y es mucho más fascinante que cualquier guión de Hollywood.

Todo empieza con una mirada. En milisegundos, la corteza visual procesa ese rostro y la amígdala cerebral se agita. Esta vez no es miedo, sino atención pura. Si esa persona nos gusta, el cerebro libera un cóctel químico brutal lleno de dopamina. Esa es la molécula de la recompensa, la misma que se activa con el chocolate o cuando ganamos un premio. También es la responsable de esa euforia y la energía desbordante que nos hace querer pasar cada segundo con esa persona. Esta es la fase donde "el mundo se detiene" cuando ves su nombre en la pantalla del teléfono.
Hay más, porque llega la noradrenalina, que acelera el corazón y nos pone alerta y por eso no se nos olvida ni un detalle de esa primera cita. Mientras tanto, la serotonina baja. En el enamoramiento agudo, los niveles de serotonina se desploman, lo que los psiquiatras asocian a veces con cuadros obsesivos. Ahora imagino que ustedes puedan entender por qué no pueden dejar de pensar en él o ella, y por qué, técnicamente, estamos un poco "obsesionados".

Si la historia continúa, pasamos del flechazo al apego. Aquí entran en juego dos hormonas estrella: la oxitocina y la vasopresina. La oxitocina, conocida como la hormona del abrazo, se dispara con el contacto físico, una caricia o un beso largo. La vasopresina está más ligada al compromiso a largo plazo, a la sensación de "esto es para siempre".
Lo más bonito de todo, y es lo que siempre les cuento a mis pacientes, es que el cerebro no distingue entre el amor romántico y el amor de la amistad profunda. Las redes neuronales que se activan con la pareja son las mismas que nos unen a un hijo o a un amigo del alma. En el fondo, el cerebro está programado para conectar, para crear vínculos. Es una máquina de amar.

Por eso, amigos míos de esta comunidad de amor y crecimiento personal, ojalá que en este San Valentín hayan podido hacer algo parecido a un ejercicio de neurociencia consciente. Para la próxima, cuando sientan esa conexión, recuerden que nuestro cerebro se está iluminando como un árbol de Navidad y que esa sensación de bienestar es real, es química pura, pero es también la magia más grande que tenemos.
Cuiden sus conexiones, ríanse a carcajadas y abracen fuerte mientras se permiten sentir porque al final, enamorar al cerebro es fácil, ya que solo hay que ser auténtico, generar confianza y regalar presencia.

¡Hasta la próxima bitácora!

✨¡𝑮𝒓𝒂𝒄𝒊𝒂𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒆𝒓! ✨
𝑺𝒊 𝒂ú𝒏 𝒏𝒐 𝒎𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒆𝒔: 𝒔𝒐𝒚 𝒏𝒆𝒖𝒓ó𝒍𝒐𝒈𝒂 𝒚 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒃𝒂𝒏𝒂, 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆, 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒚 𝒔𝒐ñ𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓ó 𝒆𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒖𝒏 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒔𝒑𝒂𝒄𝒊𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒂𝒓.
𝑬𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕𝒐 𝒚 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒎á𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒏 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒖𝒕𝒐𝒓í𝒂, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 (𝒔𝒊𝒏 𝑰𝑨).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒊𝒔𝒆ñ𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
¿𝑻𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕ó 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒑𝒖𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊ó𝒏? 𝑽𝒐𝒕𝒂, 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒐 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈𝒖𝒆𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓 𝒂 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒍𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒔 𝒂𝒍𝒂𝒔.💛

ENGLISH VERSION

Winning the Brain - A Neurologist's Log

I am a neurologist, and every day I marvel at how an organ that weighs just over a kilo, with a consistency very similar to gelatin, is responsible for the deepest things we feel. So, with the scent of Valentine's Day still in the air, I can't help but wonder: what really happens in our neurons when we say things like "I have butterflies in my stomach"?
Although poetry places love in the heart, make no mistake: love is a brain phenomenon, and it is far more fascinating than any Hollywood script.

It all starts with a glance. In milliseconds, the visual cortex processes that face, and the brain's amygdala stirs. This time it's not fear, but pure attention. If we like that person, the brain releases a powerful chemical cocktail full of dopamine. This is the reward molecule, the same one activated by chocolate or when we win a prize. It is also responsible for that euphoria and boundless energy that makes us want to spend every second with that person. This is the phase where "the world stops" when you see their name on your phone screen.
There's more, because along comes norepinephrine, which speeds up the heart and makes us alert. That's why we don't forget a single detail of that first date. Meanwhile, serotonin drops. In the acute phase of falling in love, serotonin levels plummet, which psychiatrists sometimes associate with obsessive states. I imagine you can now understand why you can't stop thinking about him or her, and why, technically, we are a little bit "obsessed."

If the story continues, we move from love at first sight to attachment. This is where two star hormones come into play: oxytocin and vasopressin. Oxytocin, known as the cuddle hormone, is triggered by physical contact, a caress, or a long kiss. Vasopressin is more linked to long-term commitment, to the feeling of "this is forever."
The most beautiful thing of all, and it's what I always tell my patients, is that the brain does not distinguish between romantic love and the love of deep friendship. The neural networks activated with a partner are the same ones that bind us to a child or a soulmate. Deep down, the brain is programmed to connect, to create bonds. It is a loving machine.

So, my friends from this community of love and personal growth, I hope that this Valentine's Day you were able to do something akin to a conscious neuroscience exercise. Next time you feel that connection, remember that our brain is lighting up like a Christmas tree and that feeling of well-being is real, it's pure chemistry, but it is also the greatest magic we possess.
Nurture your connections, laugh out loud, and hug tightly while you allow yourselves to feel because in the end, winning over the brain is easy; you just have to be authentic, generate trust, and gift your presence.

Until the next log!

✨𝑻𝒉𝒂𝒏𝒌𝒔 𝒇𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒂𝒅𝒊𝒏𝒈! ✨
𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒅𝒐𝒏’𝒕 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒎𝒆 𝒚𝒆𝒕. 𝑰’𝒎 𝒂 𝑪𝒖𝒃𝒂𝒏 𝒏𝒆𝒖𝒓𝒐𝒍𝒐𝒈𝒊𝒔𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒓𝒊𝒕𝒆𝒓, 𝒂 𝒎𝒐𝒕𝒉𝒆𝒓, 𝒂 𝒘𝒐𝒎𝒂𝒏, 𝒂𝒏𝒅 𝒂 𝒅𝒓𝒆𝒂𝒎𝒆𝒓 𝒘𝒉𝒐’𝒔 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒊𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒂 𝒃𝒆𝒂𝒖𝒕𝒊𝒇𝒖𝒍 𝒔𝒑𝒂𝒄𝒆 𝒕𝒐 𝒔𝒐𝒂𝒓.
𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒆𝒔 𝒂𝒓𝒆 𝒎𝒚 𝒐𝒓𝒊𝒈𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏-𝒎𝒂𝒅𝒆 (𝒏𝒐 𝑨𝑰).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒔𝒊𝒈𝒏𝒆𝒅 𝒃𝒚 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
𝑳𝒐𝒗𝒆𝒅 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒑𝒐𝒔𝒕? 𝑼𝒑𝒗𝒐𝒕𝒆, 𝒄𝒐𝒎𝒎𝒆𝒏𝒕, 𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈 𝒕𝒐 𝒔𝒑𝒓𝒆𝒂𝒅 𝒕𝒉𝒆 𝒘𝒊𝒏𝒈𝒔 𝒐𝒇 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒗𝒊𝒕𝒚! 💛
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Tu post me parece precioso y muy bien contado, y coincido en que el amor es un fenómeno cerebral mucho más fascinante que cualquier guión de cine. Solo añadiría algunas precisiones para que el público general lo entienda aún mejor: esas “mariposas en el estómago” son el resultado de la activación del sistema nervioso simpático, que a través del nervio vago conecta directamente el cerebro con el intestino. Es literalmente el cerebro enviando señales al cuerpo.
La dopamina es la que nos da esa euforia y energía desbordante, la noradrenalina acelera el corazón y fija cada detalle en la memoria, y la serotonina baja, lo que explica por qué no podemos dejar de pensar en esa persona. Más adelante, la oxitocina y la vasopresina consolidan el apego y el compromiso, y lo más hermoso es que las mismas redes neuronales que se encienden con la pareja también lo hacen con un hijo o un amigo íntimo. El cerebro está diseñado para vincularnos, para que la conexión sea nuestra forma de sobrevivir y de dar sentido a la vida.
Y aquí quiero traer a Violeta Parra. En Gracias a la vida, ella canta cómo puede ver a su amor incluso en medio de multitudes. Eso es exactamente lo que la neurociencia llama atención selectiva: el cerebro filtra estímulos y prioriza lo que tiene valor emocional. Esa canción siempre me ha parecido un ejemplo perfecto de lo que pasa en nuestro cerebro cuando alguien se vuelve significativo para nosotros.
En definitiva, tu texto transmite maravillosamente la magia del amor, y si lo miramos desde la neurociencia, lo que sentimos es química y circuitos neuronales trabajando para que podamos conectar. Y ahí está lo más humano de todo: que nuestro cerebro, con su consistencia de gelatina, es capaz de convertir la vida en poesía.
Lindo leerte, amigo y colega. Gracias por tan oportuno complemento... y mire que todo demuestra que cuando nos decidimos a amar estamos construyendo una obra mágica desde nuestro cerebro...
Y ahora usted me tiene tarareando a Violeta Parra ☺️🤭🤭🤭
Un abrazo enorme 🤗
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Saludos y bendiciones, muy interesante post, me gustó leerte y aprender más de esa montaña rusa de hormonas químicas que activamos con tan solo sentir una emoción.
Somos una obra magnífica y perfecta y para sentir cada una de esas emociones que nos movilizan a diario, movilizamos tantas sustancias, conectamos y desconectamos tantos circuitos que es difícil de explicar. Quizás por eso es tan maravilloso el viaje que implica amar.
Un abrazo, amiga 🤗🫂
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Excelente clase de bioquímica afectiva...
Creo que todos van a entender cómo se da esto.
Lo he disfrutado mucho de inicio a finm, muy bella manera de relatar.
Gracias, @neuropoeta
¡Qué alegría que me lea!
Realmente hasta eso de bello tiene el amor, el lindo relatar su surgimiento en nuestro cerebro...
Mi abrazo y siempre gracias por leerme 🤗🌻🫂
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Siempre un gusto, @neuropoeta
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