EL PINTOR DE LUNAS || RELATO

avatar

1002076273.jpg



Juan Macareo es el mejor pintor del pueblo.Tiene más fama que el vendedor de panes o la señora de la radio. Todos quieren una pintura de Juan en la pared de su casa y por eso él no pierde tiempo. Rara vez duerme. Sólo pinta y pinta.

Sobre las estatuas del parque traza flores y árboles. Los transeúntes parecen sonreír y deslumbrarse al notar los girasoles que el pintor delinea con trazos de pincel.

Juan pinta gatos bailando, gatos durmientes y gatos estrellados como noches de junio en el puente de la villa. A veces da la impresión que el río desconfía del maullido de los gatos pintados en el puente y su caudal desfila en silencio como quien le teme a un regaño o un aruñazo.

En la escuela de sus hijos, dibuja papalotes de colores, papalotes triangulares grandes y minúsculos. A la hora del recreo ningún niño juega al pon, ni a la quimbumbia. Ya no recuerdan los yaquis ni los trompos porque los papalotes le atan los sueños al cielo. Los uniformes se vuelven alas y cada pequeño parece ondular como astronauta sobre las imponentes chiringas que engalanan la entrada de la escuela. Los niños no se detienen de volar en colores.

Juan Macareo un día o una noche, comenzó a pintar lunas. Lunas descomunales y redondas, lunas llenas cual colosales esferas blancas en los portales de las avenidas. Ya no era necesario prender con electricidad el alumbrado público porque las lunas de Juan irradiaban el boulevard… Era una medianoche de fiesta.

También diseñó lunas en el muro de la iglesia, en el portón de la tienda de juguetes y bajo la carpa donde la orquesta tocaba de tarde los sábados. ¡Ay, pero que lunas tan enormes y henchidas!

Ya la gente no observaba al cielo, solo admiraban los portales y las aceras con los dibujos de Juan. Tanto así, que la noche ya no tenía estrellas y tampoco lunas. La desmedida cantidad de aquellas en el pueblo había hecho sonrojar a la verdadera, y celosa se había escondido. Ajeno al problema, el artista no se cansaba de pintarrajear noches con luna en cada vereda del pueblo.

Cierta noche mientras los niños jugaban al escondido notaron a las gardenias cerradas. El celador de la plaza extrañó a las lechuzas del campanario y a los chirriantes grillos que, silenciosos, se escondían bajo las piedras de la plazuela. En el interior de los hogares las madres comenzaron a lamentarse de que sus pequeños bebés no lograban dormir por el terrible silencio nocturno y no hacían más que llorar.

Era obvio que la calma había llegado con la ausencia de la luna resentida de tantas lunas gigantes y regordetas en los andenes de la ciudad. Todo por culpa de Juan Macareo. Todo a causa de sus lunas. Buen lío se había buscado el pintor. Juan que pinta-pintaba, esta vez hizo lo que nunca antes: despintar.

Despintó luna por luna: la luna azul, la menguante, hasta las lunas de miel. Fue hacia las avenidas, la tienda de juguetes, los muros de la iglesia y la plaza para lograr enmendar su error. Sudó Juan Macareo al intentar enmendar su error, dejó de dormir, de comer, las veinticuatro horas del día eran para despintar aquellas gigantes y luminosas lunas regadas en todo el pueblo.

Noches después, los grillos emprendieron a chirriar en los ventanales y bajo las piedras; los niños comenzaron a dormir a pierna suelta y las lechuzas a inquietar los celadores de la plaza. Las gardenias perfumaban la tarde-noche del pueblo, quizás como ya nadie recordaba.

Aires de una felicidad sin nombre en el pueblo que sin saberlo había extrañado la presencia de su luna en las noches. ̶¡Juan Macareo, no se te ocurra pintar soles! ̶ gritaban desde entonces al
pintor más famoso del pueblo, a modo de súplica y broma. ̶ . ¡Juan, no queremos al sol celoso!

El pintor sonreía ante la petición de todos. Sin dudas había aprendido la lección. Mientras tanto recorría los alrededores del vertedero municipal, en busca de algún sitio donde pintar arcoíris.



1002076274.jpg


Del cuaderno inédito "LUNICONTANDO"

Copyright © Yadira Troche Nerey 2026. Todos los derechos reservados



¡𝑮𝒓𝒂𝒄𝒊𝒂𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒆𝒓!
𝑺𝒊 𝒂ú𝒏 𝒏𝒐 𝒎𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒆𝒔: 𝒔𝒐𝒚 𝒏𝒆𝒖𝒓ó𝒍𝒐𝒈𝒂 𝒚 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒃𝒂𝒏𝒂, 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆, 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒚 𝒔𝒐ñ𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓ó 𝒆𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒖𝒏 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒔𝒑𝒂𝒄𝒊𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒂𝒓.
𝑬𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕𝒐 𝒚 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒎á𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒏 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒖𝒕𝒐𝒓í𝒂, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 (𝒔𝒊𝒏 𝑰𝑨).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒊𝒔𝒆ñ𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
¿𝑻𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕ó 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒑𝒖𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊ó𝒏? 𝑽𝒐𝒕𝒂, 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒐 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈𝒖𝒆𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓 𝒂 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒍𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒔 𝒂𝒍𝒂𝒔. 💛



0
0
0.000
3 comments
avatar

Hermoso cuento para niños que sin lugar a dudas pondrá a pensar a nuestros infantes y sacar similar lección que la aprendida por Juan Macareo, el pintor más famoso del pueblo. Excelente cuento mi estimada amiga, tanto por el contenido como por la bella forma con la que discurren las palabras.

0
0
0.000
avatar

Bello cuento, con una fuerza imaginativa muy propia del realismo mágico de nuestro acervo literario. Además, una lección de lo inconveniente de la desmesura, eso que los griegos llamaron "hybris". Saludos, @neuropoeta.

0
0
0.000