🎬 "Una Batalla Tras Otra" |Artículo Original de Marabuzal (ESP-ENG)

Saludos, amigos!
Recién acabo de ver Una batalla tras otra y la impresión es tan profunda que urge desentrañarla. Hacía mucho que una película no me envolvía en un torbellino tan perfectamente controlado, donde la melancolía por un sueño colectivo fracasado se combina con un virtuosismo técnico que quita el aliento.
Mi opinión es que el buen cine no solo te cuenta una historia, sino que te hace habitar un estado de ánimo, una época y sus fantasmas, y Paul Thomas Anderson lo logra aquí con una maestría que oscila entre lo grandioso y lo íntimo.

La premisa, basada en la compleja Vineland de Thomas Pynchon, es una de sus mayores fortalezas. Construir una historia sólida es una cosa con lo que los guionistas chocamos a cada rato, pero Anderson teje con paciencia de relojero las múltiples vidas que convergen en esta trama.
La película salta entre el fervor de los años 60 y el desencanto de los 80, mostrando el rastro de una supuesta revolución que se fue a bolina. Lo que queda no son héroes, sino supervivientes marcados por la paranoia, la traición y el trauma de la emigración interna, ese exilio dentro de tu propio país cuando los ideales se van y queda, la lucha por la pensión o por salvar los restos de una familia.

Las memorables actuaciones son el motor humano de este desfile de derrotas gloriosas. Leonardo DiCaprio, como Zoyd Wheeler, ofrece una lección de contención y dolor enmascarado de payaso. Sean Penn, como el agente federal Brock Vond, es puro autoritarismo gélido, un villano cuya lógica perversa resulta aterradoramente verosímil. Regina Hall, en el papel crucial de Frenesi, transmite con solo una mirada el peso de una vida de arrepentimientos.
Me parece que no están para un Oscar pero sí para ser recordado en la filmografía de cada uno, porque su trabajo aquí trasciende la búsqueda de premios para anclarse en la verdad del personaje.

El sorprendente guión de Anderson es un festival de diálogos. La intensidad y riqueza de los mismos es abrumadora: desde las discusiones paranoicas de los exradicales hasta los monólogos burocráticos de Vond, cada palabra construye carácter y época.
Sin embargo, este camino laberíntico y lleno de genialidad conduce, quizá inevitablemente, a un final previsible en su núcleo emocional. La búsqueda del reencuentro y la reconciliación familiar llega a un puerto que se siente seguro, casi necesario tras el caos, pero que carece de la audacia salvaje del resto del relato.

Donde la película se convierte en pura poesía cinematográfica es en su aspecto visual. La estupenda fotografía de Michael Bauman, sobre todo en las carreteras del desierto con las colinas en subida y bajada, es un personaje en sí misma.
Esas imágenes, filmadas en largos planos secuencia hipnóticos, son la metáfora perfecta de la película: la promesa de escape, el viaje circular que no lleva a ningún sitio nuevo, la cuesta siempre presente del pasado.
Anderson maneja la elipsis como herramienta certera, saltando años o mostrando las consecuencias de la violencia en lugar de la acción misma. Este lenguaje narrativo nos obliga a completar los vacíos, a sentir el peso de lo no dicho, lo no vivido en pantalla, haciéndonos cómplices del trauma y la nostalgia.

Hacía mucho que una película no me proponía un rompecabezas tan satisfactorio de armar, donde cada pieza técnica –el score inquietante de Jonny Greenwood, el montaje preciso– está al servicio de una idea mayor.
Mi opinión es que el buen cine a veces exige un esfuerzo, y Una batalla tras otra lo exige, pero lo recompensa con creces. Es un mural sobre cómo las utopías mueren, pero los vínculos, por dañados que estén, persisten. La moraleja, si la hay, es una reflexión amarga y tierna a la vez sobre el fracaso.

Mi consejo es: tómate un tiempo y trata de verla. Una batalla tras otra confirma que Anderson es uno de los narradores esenciales de nuestro tiempo, un cartógrafo de los paisajes rotos del sueño americano. Y aunque el final del metraje pueda resultar un eco conocido, el viaje por carreteras infinitas bajo un cielo inmenso es simplemente inolvidable.
Una obra para ver, sentir y, sobre todo, para recordar.

🌐 Artículo original escrito en español, mi lengua materna. La versión en inglés ha sido traducida mediante Google Translate.
🖼️ Fuentes de imágenes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7
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Greetings, friends!
I just finished watching Battle After Battle and the impression is so profound that I urgently need to unravel it. It's been a long time since a film enveloped me in such a perfectly controlled whirlwind, where the melancholy for a failed collective dream combines with breathtaking technical virtuosity.
My opinion is that good cinema doesn't just tell you a story, but makes you inhabit a state of mind, an era, and its ghosts, and Paul Thomas Anderson achieves this here with a mastery that oscillates between the grandiose and the intimate.

The premise, based on Thomas Pynchon's complex novel Vineland, is one of its greatest strengths. Building a solid story is something screenwriters struggle with all the time, but Anderson patiently weaves together the multiple lives that converge in this plot.
The film jumps between the fervor of the 1960s and the disillusionment of the 1980s, showing the trail of a supposed revolution that went awry. What remains are not heroes, but survivors scarred by paranoia, betrayal, and the trauma of internal migration—that exile within your own country when ideals vanish and all that remains is the struggle for a pension or to save what's left of a family.

The memorable performances are the driving force behind this parade of glorious defeats. Leonardo DiCaprio, as Zoyd Wheeler, delivers a lesson in restraint and pain masked by a clown. Sean Penn, as federal agent Brock Vond, is pure icy authoritarianism, a villain whose perverse logic is terrifyingly believable. Regina Hall, in the crucial role of Frenzy, conveys with a single glance the weight of a lifetime of regrets.
I don't think they're Oscar contenders, but they are certainly worthy of being remembered in each actor's filmography, because their work here transcends the pursuit of awards, anchoring itself in the truth of the characters.

Anderson's astonishing screenplay is a festival of dialogue. Its intensity and richness are overwhelming: from the paranoid arguments of the ex-radicals to Vond's bureaucratic monologues, every word builds character and era.
However, this labyrinthine and brilliant path leads, perhaps inevitably, to a predictable ending at its emotional core. The search for reunion and family reconciliation reaches a safe harbor, almost necessary after the chaos, but lacking the wild audacity of the rest of the story.

Where the film becomes pure cinematic poetry is in its visual aspect. Michael Bauman's superb cinematography, especially on the desert roads with their rolling hills, is a character in itself.
These images, filmed in long, hypnotic takes, are the perfect metaphor for the film: the promise of escape, the circular journey that leads nowhere new, the ever-present slope of the past.
Anderson wields ellipsis as a precise tool, jumping years or showing the consequences of violence instead of the action itself. This narrative language forces us to fill in the gaps, to feel the weight of what is unsaid, what is not experienced on screen, making us complicit in the trauma and the nostalgia.

It had been a long time since a film presented me with such a satisfying puzzle to piece together, where every technical element—Jonny Greenwood's haunting score, the precise editing—serves a greater idea.
My opinion is that good cinema sometimes demands effort, and Battle After Battle does, but it rewards it handsomely. It's a mural about how utopias die, but bonds, however damaged, persist. The moral, if there is one, is a bittersweet reflection on failure.

My advice is: take some time and try to watch it. Battle After Battle confirms that Anderson is one of the essential storytellers of our time, a cartographer of the broken landscapes of the American Dream. And although the film's ending may feel like a familiar echo, the journey along endless highways under a vast sky is simply unforgettable.
A film to see, feel, and, above all, remember.

🌐 Original article written in Spanish, my native language. The English version has been translated using Google Translate.
🖼️ Image Sources: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7
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Gracias por esta reseña. La película me encantó. Es difícil mantenerse indiferente ante ella. Me dejó una sensación entre reflexión, entretenimiento y la certeza de que es una excelente obra. Creo que puede tener algunos Oscar, ojalá sean DiCaprio y Penn.
Eres muy amable.
Gracias a ti. En el paquete semanal están llegando algunas historias interesantes.
Un abrazo 🌻
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