🇨🇺 ¿Dónde están los Críticos Literarios Cubanos? |Opinión



A Ian Rodríguez @restaurador

¡Un cálido saludo a los amigos de #literatos

Si usted camina hoy por las calles de La Habana, o naufraga en los turbulentos grupos de Facebook de la intelectualidad isleña, se topará con un ecosistema variopinto. Encontrará poetas que publican hasta sus recibos del gas con ínfulas de verso libre; narradores que, tras leer dos páginas de Paradiso, se creen la reencarnación de Lezama Lima; y una plaga de "gestores culturales" que han elevado la genuflexión a la categoría de las Bellas Artes.

Pero, en este zoológico de vanidades, falta una pieza clave: ¿dónde está el crítico literario?

Ese espécimen, antaño temido y respetado, capaz de hundir una carrera con un adjetivo bien puesto o de consagrar una obra con un análisis riguroso, ha pasado a la lista de especies en extinción. Se encuentra hoy en ese limbo biológico, ubicado justo entre el almiquí y la decencia parlamentaria. La crítica en Cuba ha dejado de ser un ejercicio del intelecto para convertirse en una variante muy específica de la ciencia ficción: la hagiografía por compromiso.


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El arte de la glosa almibarada.
Ya nadie se atreve a reseñar un libro con el bisturí en la mano. Ahora, los textos que aparecen en las revistas oficiales son "abrazos de tinta". El crítico contemporáneo ha descubierto que es mucho más seguro para su integridad física y su estatus social dedicarse a la lisonja.
Si un libro es un ladrillo ilegible, un artefacto de aburrimiento masivo, el crítico dirá que es una "propuesta arriesgada que desafía las estructuras lineales y subvierte el canon desde una otredad fragmentaria". Si la poesía es ramplona y cursi, se dirá que "conecta con las raíces más profundas de la sensibilidad cotidiana". La honestidad intelectual ha sido canjeada por la supervivencia social.

¿Miedo, pereza o hambre?


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La desaparición del crítico no es casual. ¿Dónde están los herederos de la "mala leche" necesaria para sanear las letras cubanas? Esos que deberían estar separando el grano de la paja están ocupados en dos frentes muy distintos:
El insilio y la cola del pollo: Seamos realistas, diseccionar la última novela de un Premio Nacional no llena el plato de comida. En un país donde la logística de la supervivencia consume el 90% de la energía vital, sentarse a leer 400 páginas para luego escribir una crítica mordaz es un acto de masoquismo puro. Además, existe el riesgo geográfico: el autor que hoy destrozas en tu reseña puede ser, mañana mismo, el jefe de departamento que decide si te toca o no el próximo bono de estímulo.

La otra mitad de la crítica ha cruzado el charco. Desde Madrid o Miami, escriben reseñas sobre la falta de café o la angustia del desarraigo mientras esperan que algún algoritmo les pague por recordar cómo se estructuraba una metáfora. Allí, la crítica a veces se tiñe de una militancia que olvida a veces el rigor estético en favor de la urgencia política.

Hoy, la crítica literaria en Cuba es un ejercicio de relaciones públicas. Se escribe para que te inviten al próximo cóctel con croquetas de aire en una embajada o para que el autor reseñado en un pacto de caballeros digno de la mafia te devuelva el favor cuando tú publiques tu propio cuadernillo de poemas.


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Hemos pasado del rigor de la escuela de Mañach y los análisis de Vitier a un intercambio de favores en un mercado de pulgas literario. Nadie quiere ser el "niño malo" que diga que el rey está desnudo, porque en Cuba, el rey suele tener el poder de quitarte el trono, el cetro y hasta la conexión de datos.

La crítica cubana no ha muerto por causas naturales; ha sido asfixiada por la complacencia, la vagancia intelectiva y la nula o exigua remuneración estatal. Se ha ido a dormir una siesta eterna bajo la sombra de un frondoso árbol de quedar bien. Mientras tanto, nuestras librerías y bibliotecas se siguen llenando de fantasmas que nadie se atreve a juzgar.

© Contenido original y exclusivo para Hive. Escrito en español, mi lengua materna y traducido al inglés mediante los servicios gratuitos de Google Translation.

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🇨🇺 Where are the Cuban Literary Critics? | Opinion

To Ian Rodríguez @restaurador

A warm greeting to the friends of #literatos

If you walk the streets of Havana today, or navigate the turbulent Facebook groups of the island's intellectuals, you'll encounter a diverse ecosystem. You'll find poets who publish even their gas bills with pretensions of free verse; Narrator-turned-writers who, after reading two pages of Paradiso, believe themselves to be the reincarnation of Lezama Lima; and a plague of "cultural managers" who have elevated genuflection to the level of Fine Arts.

But in this menagerie of vanities, a key piece is missing: where is the literary critic?

That specimen, once feared and respected, capable of ruining a career with a well-chosen adjective or consecrating a work with a rigorous analysis, has joined the endangered species list. Today, it finds itself in that biological limbo, situated precisely between the solenodon and parliamentary decency. Criticism in Cuba has ceased to be an intellectual exercise and has become a very specific variant of science fiction: hagiography by obligation.


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The art of the saccharine gloss.

No one dares to review a book with a scalpel in hand anymore. Now, the texts that appear in official journals are "ink hugs." The contemporary critic has discovered that it is much safer for their physical integrity and social standing to dedicate themselves to flattery.

If a book is an unreadable tome, an artifact of mass boredom, the critic will say it's a "risky proposition that challenges linear structures and subverts the canon from a fragmented otherness." If poetry is simplistic and corny, it will be said that it "connects with the deepest roots of everyday sensibility." Intellectual honesty has been traded for social survival.

Fear, laziness, or hunger?


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The critic's disappearance is no coincidence. Where are the heirs of the necessary "bitterness" to cleanse Cuban literature? Those who should be separating the wheat from the chaff are occupied on two very different fronts:
Exile and the tail end of the chicken: Let's be realistic, dissecting the latest novel by a National Prize winner doesn't put food on the table. In a country where the logistics of survival consume 90% of vital energy, sitting down to read 400 pages and then writing a scathing review is an act of pure masochism. Moreover, there's the geographical risk: the author you tear apart in your review today could be, tomorrow, the department head who decides whether or not you get the next bonus.

The other half of the critics have crossed the Atlantic. From Madrid or Miami, they write reviews about the lack of coffee or the anguish of displacement while waiting for some algorithm to pay them for remembering how to structure a metaphor. There, criticism is sometimes tinged with a militancy that occasionally forgets aesthetic rigor in favor of political urgency.

Today, literary criticism in Cuba is a public relations exercise. You write so you get invited to the next cocktail party with air croquettes at an embassy, or so that the reviewed author, in a gentleman's agreement worthy of the mafia, will return the favor when you publish your own book of poems.


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We've gone from the rigor of Mañach's school and Vitier's analyses to an exchange of favors in a literary flea market. Nobody wants to be the "bad boy" who says the emperor has no clothes, because in Cuba, the emperor often has the power to take away your throne, your scepter, and even your internet connection.

Cuban criticism hasn't died of natural causes; it has been suffocated by complacency, intellectual laziness, and nonexistent or meager state funding. It has gone into an eternal slumber under the shade of a leafy tree of political correctness. Meanwhile, our bookstores and libraries continue to fill with ghosts that no one dares to judge.

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Gracias equipo!! 🫂✍️

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¡Eso es genial @marabuzal! ¡Estamos emocionados de ver tu participación en Hive! ¡Sigue así!

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Desde mi ignorancia osada me atreveré a opinar con base en lo que pude observar en la Venezuela herida por un mal similar.
Comprendo la imperiosa necesidad de sobrevivir en un medio plagado de dificultades donde la capacidad no se aprecia y se valora la adulación y la lealtad genuflexa al amo que puede publicar en las imprentas del estado y financiar el viaje y la presentación de alguna obra en alguna universidad donde otros académicos simpatizantes de las ideas socialistas y comunistas se reparten premios y elogios, pero muy pocos son publicados por una editorial comercial.
Por el pan y el palo baila el perro y hace morisquetas el mono. Voy a buscar un par de nombres en Amazon para ver si estoy equivocado.

Buena suerte.
Cuidado con llamar pan a la masa fermentada y horneada sin pedir permiso al hornero.

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Estimado:
En contextos de crisis institucional, la supervivencia suele forzar a los académicos a convertirse en "eco" del poder para acceder a recursos básicos.
Pasa en todos lados.
Esa desconexión entre el éxito estatal y el mercado editorial comercial suele ser la prueba de fuego de la relevancia real de una obra.
Un abrazo ✍️

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Cordialmente

El equipo de CHESS BROTHERS

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Muy bien dicho, y en este mundo donde algunos pueden escribir mal y aún publicar porque pertenecen a los que pueden quitarte hasta el aliento, pues la crítica no funciona porque es como lanzar fuegos artificiales en plena guerra.
El arte todo atraviesa la misma crisis, fui analizada tres veces por las críticas a los artistas, luego me dio pereza porque nada cambia si la crítica no es asumida.

Terminas por perder la amistad, la voluntad y el interés. Y como se trata se sobrevivir pues ahí están los malos libros sin críticas representando a Cuba en ferias y los buenos esperando ineditos en un cajón.

Un abrazo y no dejes de escribir, un día existirán buenos críticos

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Tu reflexión duele por lo cierta. Es agotador criticar cuando el sistema premia la complicidad y castiga la honestidad. Que los malos libros viajen y los buenos se pudran en cajones es la derrota de un proyecto cultural. Pero tu último renglón guarda la clave: seguir escribiendo. Es el acto de fe más subversivo. La buena crítica llegará cuando existan lectores formados por obras meritoris, que silenciosamente construyen el criterio que hoy falta. Un abrazo fuerte, princesa crítica y feroz✨🌻

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Un texto reflexivo necesario y de excelencia, gracias por la dedicatoria bro

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Muchas gracias Poeta.
Que pases un cumpleaños feliz 🫂

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Es cierto que en Cuba de cierta manera se teme criticar las obras literarias y solo se reseñan aquellas que disfrutamos o nos agradan. Aunque hay algunos que adulan bodrios por tal de ganar reciprocidad e influencia.
De las pocas críticas literarias que he disfrutado leer han sido las de Lisbet Lima.

!BBH

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Lisbeth es grande. Inmensa. Me satisface ser su amigo.
Saludos, @yecier

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