Una "maestra" muy particular/ A very special “teacher”

Cuando luego de dejar de trabajar en los medios de comunicación tradicionales me ofrecieron unas horas para dar clases en la universidad local, el miedo se apoderó de mi y dije que no, sin pensarlo. Pero unos meses después, la oferta seguía en pie, y aunque nunca tuve una preparación como educadora (ni siquiera el componente docente o tramo pedagógico) decidí probar, pues era una materia no tan relevante y serían solo dos horas a la semana.

Me tocó aprender en tiempo récord sobre planificación académica, planes de evaluación, preparar clases, pero lo más importante fue: volver a estudiar. Con estética de la comunicación, que era la asignatura que me dieron, tocó diluir las teorías de los grandes pensadores griegos que tenían que ver con el tema, pues de entrada los alumnos, chicos de 18 años, se desligaban de la clase, y era más entretenido mandarse ping de un blackberry a otro.

Fue entonces cuando usé la autonomía del docente para adaptar el contenido que debía impartir, con una dinámica que fuera más atractiva para los alumnos. A raíz de ese cambio, los estudiantes esperaban mis clases, participaban, y hasta ¡tomaban apuntes!. Gracias a ello, que al abrirse nuevas plazas en otras materias, me las fueron asignando, pasando de tener solo 2 horas a tener 20 que era el tope.

En mis clases, la idea no era estar hablando solo yo, o exponer láminas de power point con contenido plano. Mis alumnos debían ser los protagonistas, y las sorpresas que me llevé con ellos fue asombrosa. Algunos "salieron del closet" literalmente, en las prácticas de lenguaje corporal, otros descubrieron sus capacidades para escribir, para entender las proporciones para lograr buenas fotos, otros perdieron la timidez para pasar a ser excelentes reporteros y animadores.

Para mi, ser de este modo, más allá de verlo como algo peculiar, es respetar quien soy, además de ser no una profesora con toda la carga academicista que la palabra implica, y más bien ser una facilitadora en los procesos de aprendizaje, cosa que también aplico en casa con mis hijos y me ha resultado muy bien hasta ahora.

Y es que desde pequeña, mi peculiaridad ha ido por ir contra los patrones considerados "normales" cuando veo que no se adaptan con mi manera de ver la vida, lo cual me trajo una relación cortante con mi madre, quien lamentaba no haber tenido la niña de sus sueños, aunque la vida luego la llevó a entender a través de la visión de sus amigas, que en mi peculiaridad residía la manera especial que tengo para vivir mis experiencias.

Lo bonito de todo esto, es que cuando dejé de dar clases para asumir un cargo administrativo dentro del mismo recinto universitario, la mayoría de mis alumnos se pasaba por la oficina para pedir un consejo, una explicación sobre algún tema, o una consulta sobre sus trabajos de grado.

Permitirles a cada uno de ellos dejar libres sus peculiaridades me hizo ganarme el apodo de "Mae" por ser su maestra universitaria, y en algunos casos, su mamá sustituta.

Muchos años luché en contra de mi peculiaridad, tratando de encajar en lo que otros consideran que es normal, pero no siempre estar en el estandar es lo mejor, así que no solo disfruto de ser peculiar, sino que animo a que cada quien explore y explote esas virtudes que los hacen únicos y particulares.

When, after leaving my job in traditional media, I was offered a few hours of teaching at the local university, fear took hold of me and I said no without thinking twice. But a few months later, the offer was still on the table, and although I had no training as an educator (not even in teaching or pedagogy), I decided to give it a try, as it was not a particularly relevant subject and it would only be two hours a week.

I had to learn in record time about academic planning, assessment plans, and lesson preparation, but the most important thing was to go back to studying. With communication aesthetics, which was the subject I was assigned, I had to dilute the theories of the great Greek thinkers related to the subject, because from the outset, the students, 18-year-olds, were disengaged from the class, and it was more entertaining to send messages from one BlackBerry to another.

That's when I used my autonomy as a teacher to adapt the content I had to teach, with a dynamic that was more attractive to the students. As a result of that change, the students looked forward to my classes, participated, and even took notes! Thanks to that, when new positions opened up in other subjects, I was assigned to them, going from having only two hours to having 20, which was the maximum.

In my classes, the idea was not for me to be the only one talking or showing PowerPoint slides with flat content. My students had to be the protagonists, and the surprises they gave me were amazing. Some literally “came out of the closet” in body language exercises, others discovered their writing skills and their ability to understand proportions in order to take good photos, and others overcame their shyness to become excellent reporters and entertainers.

For me, being this way, beyond seeing it as something peculiar, is respecting who I am, as well as not being a teacher with all the academic baggage that the word implies, but rather being a facilitator in the learning process, something that I also apply at home with my children and has worked very well for me so far.

Since I was little, my peculiarity has been to go against the patterns considered “normal” when I see that they do not fit with my way of seeing life, which led to a strained relationship with my mother, who regretted not having had the daughter of her dreams, although life later led her to understand, through the vision of her friends, that my peculiarity was the special way I have of living my experiences.

The nice thing about all this is that when I stopped teaching to take on an administrative position within the same university, most of my students would stop by my office to ask for advice, an explanation on a topic, or a consultation about their thesis.

Allowing each of them to express their uniqueness earned me the nickname “Mae” for being their university teacher and, in some cases, their surrogate mother.

For many years, I struggled against my peculiarity, trying to fit in with what others consider normal, but conforming to the norm isn't always the best thing. So, not only do I enjoy being peculiar, but I also encourage everyone to explore and exploit the virtues that make them unique and special.


Foto/Photo by: @mamaemigrante
Banner de portada: Cortesía de @palabras1
Edición/Edited by @mamaemigrante using canva
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¡Mae mia!

Seguramente lograbas captar su atención con esos cambios de apariencia. Pelo negro ayer y hoy rubia oxigenada.
Lograste el objetivo, que aprendieran y crecieran. Sería lindo verte en el papel de profesora en el salón o el escenario.

Volveré luego, si no se me olvida, para votarte cuando recupere algo de HP; ayer me emocioné y llegué a 70 y algo.

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Más que de apariencia, era la actitud para dar la clase. Nunca me puse en la tónica de "yo sé más que ustedes, aprendan de mi". A veces me sentaba entre ellos, para hacerlos voltear. A los que hablaban al final del salón, les daba la palabra frente a todos y tenían que dar la clase, de lo que ellos supieran, así no tuviera relación con la materia.
Me encantaría volver a dar clases en un aula formal.

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Y a mi asistir de incognito.
Si veo una vacante que te pueda interesar, te aviso.

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Que genial lo de ayudar a otros, para que resalten sus peculiariedades.

¡Finísimo!

Saludos.

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Parte de ir en contra de lo que los demás creen que debería ser.
En mis clases el lema era que ese salón era como estar en Las Vegas: "lo que ahí pasaba, ahí se quedaba" y si alguien decía algo fuera del salón, la clase se convertiría en una profesora seria que evaluaba de la manera tradicional. Nunca nadie dijo cómo los evaluaba, pero yo les ponía películas, música, hacíamos monólogos, en algunos casos, yo era la juez de sus trabajos y con ejemplos de lo que ellos mismos escribían, iba despejando dudas.
Una anécdota que todos recuerdan fue cuando hice un esquema de los géneros cinematográficos y al final de la lista coloque las iniciales P.S y P.E. La curiosidad le voló a mil y me preguntaban qué significaban las siglas, pero justo lo dejé para el final e iba explicando según el orden. Cuando llegamos a ese punto, las risas nerviosas se hicieron llegar...

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"Tu post ha sido valorado por el testigo Hispapro"

Sigue siendo así tu peculiaridad te llevará lejos, es grato conocer esa historia, tenias miedo de ser docentes y te ganaste a todos los alumnos más allá de la docencia , eso es genial.

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Vota por el testigo @Hispapro // Vote for the @Hispapro witness

Keychan - Hive.blog - Ecency - Peakd
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Seguro fuiste una maestra muy divertida difícil de olvidar, lo que un estudiante universitario necesita, dinamismo y entusiasmo. ☺️😉.

Yo tampoco hice componente docente, y me resistí toda la vida a estudiar para ser profesora, pero lo ejercicí por 15 años y es muy lindo andar por la calle y recibir el cariño de los exalumnos, ahora siendo hombres y mujeres.

Nunca vamos a dejar de ser mae. 😆

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Totalmente de acuerdo. Yo inclusive le digo profe a los profesores e los que yo era jefe.

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Excelente publicación, fíjate que al asumir una responsabilidad como ser educador, sin tener la preparación esperada o exigida, pasaste a ser un educador real en todo sentido. Todos, sin falta, somos peculiares, pero por el que dirán, entre otras cosas, muchas veces nos negamos a nosotros mismos.

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Yo fui una que peleó toda la vida con mis peculiaridades, inclusive con el hecho de ser muy pecosa en la cara, y siempre trataba de solapar mi personalidad para agradar a otros, empezando por mamá, pero la naturaleza es sabia y en algún momento salía a la luz esas características particulares.

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