TBT de los paseos en el tren del centro comercial / TBT of rides on the mall train

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Uno de los paseos que mis hijos pedían los domingos mientras vivimos en Acarigua (Venezuela) era ir al centro comercial para montarse en el tren que le daba la vuelta a todo el recinto, inclusive cuando ya conocían el trayecto y la duración del viaje.

El primer paseo de mi hijo mayor fue cuando tenía un año de edad, en los brazos de mi madre, quien lo llevaba a él y dos sobrinos nietos, justo a pocos días de la inauguración del centro comercial. Para él, esa fue la manera de dormirse en medio de un ambiente llena de estímulos visuales y sonoros.

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Ya con dos años, lo llevábamos a comer helados y el paseo en tren, que esperaba con ansias durante la semana, preguntando a diario qué día era. Y lo que para los adultos era solo una vuelta de 10 minutos alrededor del centro comercial, para él tenía un significado sublime.

En el presupuesto semanal de gastos, había que tener como fijo el paseo y también la merienda, y aunque en algunos momentos quería sacarlo, luego pensaba que la felicidad de mi pequeño no resultaba tan costosa, además que tampoco había que improvisar para mantenerlo entretenido.

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Con la llegada el hermanito, la tradición ya estaba enraizada, primero nos montábamos los tres, y cuando ya tenía dos años el pequeño, se podían montar ambos solos sin la compañía de un adulto. Lo que nos impresionaba es que en muchas ocasiones ellos preferían el paseo y no la merienda, cuando las finanzas no ayudaban a cubrir ambas cosas, durante la crisis de 2017 en Venezuela.

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Cuando emigramos, pudieron seguir usando el tren, pero esta vez como transporte colectivo y no como paseo recreativo, pero igual nos quedaron los lindos recuerdos de cuando esperaban en la línea de salida su turno de abordar, o cuando saludaban al tren mientras pasaba por el centro comercial, cuando ya nos íbamos de regreso a casa.

One of the outings my children asked for on Sundays while we lived in Acarigua (Venezuela) was to go to the mall to ride the train that went around the entire complex, even though they already knew the route and the duration of the trip.

My eldest son's first ride was when he was one year old, in my mother's arms, who took him and two grandnephews, just a few days after the mall opened. For him, it was a way to fall asleep in an environment full of visual and auditory stimuli.

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When he was two, we took him to eat ice cream and ride the train, which he eagerly awaited throughout the week, asking every day what day it was. And what for adults was just a 10-minute ride around the mall had a sublime meaning for him.

In the weekly budget, we had to include the ride and the snack as fixed expenses, and although at times I wanted to cut it out, I then thought that my little one's happiness wasn't that expensive, and that I didn't have to improvise to keep him entertained.

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With the arrival of his little brother, the tradition was already ingrained. At first, the three of us would ride together, and when the little one was two years old, they could both ride alone without adult supervision. What impressed us was that on many occasions they preferred the ride to the snack, when finances did not allow for both during the 2017 crisis in Venezuela.

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When we emigrated, they were able to continue using the train, but this time as public transportation rather than a recreational outing. Still, we were left with fond memories of them waiting in line for their turn to board, or waving to the train as it passed by the shopping center when we were on our way back home.


Foto/Photo by: @mamaemigrante
Banner de portada: Cortesía de @palabras1
Edición/Edited by @mamaemigrante using canva
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Me encantan los trenes, los de verdad y los de juguete. Ahora recuerdo un viaje en el tren de La Victoria, Edo. Aragua, aunque solo fueron unos pocos metros. Y que perdí un cupón para los carros chocones en el Coto.

Buenas noches, bendiciones a los protagonistas de esta historia.

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Como los dejaste perder!! Para la próxima cuadramos y te acompaño a ver quien colecciona más choques.
Mi recuerdo con el tren en mi infancia fue en el de El Encanto, en Los Teques, tenía 5 años y fui de "chaperona" de los padrinos de mi hermano, quienes aprovechaban los túneles oscuros para estriparme, ya luego entendí que se besaban en la oscuridad, pero estando yo en el medio de ambos, terminaba como el relleno de un pan en la tostadora, jajajaja.

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Te tomo la palabra. Cuando vuelvas por aquí, vamos al Coto. Manejar es algo que no se olvida, pero carritos chocones hace un siglo.

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Ese tren era tradición al ir al sambil jaja, nos montabamos todos hasta la familia cuando venía de vacaciones se subía a ese tren.
Esas fotos están lindas, tan chiquitos

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En los dos centros comerciales de Acarigua había un trencito de esos, y era fijo que a cualquiera que fuéramos teníamos que pagarles el paseo.
También fuimos al del Sambil de Barquisimeto, que como no lo conocíamos, nos subimos los 3, pues Fabri no estaba ni en los planes para ese momento.

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Ese tren se ve muy lindo, el sueño de todo niño montarse en un tren, las fotos estan preciosas. 😍

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Realmente para ellos era el día esperado, un plan sencillo y repetitivo que los hacía felices.

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How beautiful! We're truly talking about good times in this post. I'm glad you remember those days with such fondness and love for your children and your country. I hope you can have the joy of spending fun times there again. For now, it's good that you've traded that little train for public transportation, haha. That's the beauty of life. Thanks for being part of this #TBT Thursday...


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