Diciembre en solitario - Mis navidades atípicas / December alone - My unusual Christmas
Para la mayoría de las familias, diciembre es un mes diferente, y algo que tienen casi todas en común, es el hecho de querer reunirse a celebrar bien sea el nacimiento de Jesús el 24/25 de diciembre o la llegada del año nuevo, siempre en familia o con amigos, pero en mi caso, mis navidades atípicas han sido en solitario.
En mi familia, por ser nosotros el núcleo que vivía en otra ciudad, siempre nos tocaba viajar a casa de una de las hermanas de mi mamá, donde usualmente se hacían las reuniones. Y he de reconocer que inicialmente, por ser la costumbre, esperaba con ansias ese viaje al interior del país para pasar las vacaciones tanto de verano, como las de la época de navidad.
Pero llegada la adolescencia, el hacerme un viaje en colectivo durante 5 horas, a una ciudad calurosa, a una casa sin las comodidades de mi casa, hizo más peso que el hecho de ir a ver a la familia, pues igualmente en Agosto - Septiembre pasaba un mes entero con ellos, así que hubo un año en el que decidí que no iría.

Para entonces, tenía unos 14 años aproximadamente, y aunque mi mamá estuvo siempre renuente a dejarme sola por dos semanas, mi papá me dio el voto de confianza. Yo no era de tener amigos, de salir de parranda o de inventar acciones descabelladas, más bien esos días los recuerdo por disfrutar de estar encerrada en mi cuarto leyendo cuanto libro se atravesara, escribiendo historias ficticias o haciendo manualidades, aunque estas últimas no siempre salían como las imaginaba, salvo el bordado, que ha sido mi pasión oculta desde niña.
Antes de partir, mamá volvió a leerme toda la cartilla de advertencias y papá solo me abrazó, como si sellara un pacto de confianza con su pequeña. Ese día sola fue liberador: nada de ruidos, nada de hermano molesto: una realidad tan espectacular, que deseaba se postergara lo más posible.
Cocinaba a mi gusto, podía ver los canales de TV sin pelear con mi hermano, quien siempre me llevaba la contraria solo para hacer valer su supremacía de ser el mayor, leí como nunca, sobre todo porque mi vecina, a quien mamá le dijo que pasara de vez en cuando por casa, me prestaba su colección de obras rusas, que devoraba en dos o tres días cada una.
Las llamadas telefónicas chequeando mi estado, y las visitas de varias vecinas, y hasta la conserje del edificio fueron la nueva agenda. Me imagino que al ser adolescente, mamá pensaba que buscaría la manera de meter en casa a algún noviecito escondido, pero yo ni en eso pensaba, siempre mantuve mi foco en los estudios y mi formación, inclusive en mi etapa universitaria.
Fueron dos semanas estupendas para mi, más no para mis padres, quienes se regresaron a casa el 2 de enero, cuando usualmente volvíamos luego del día de reyes...

Mi segunda vez fue algo similar, pero ya siendo mayor de edad, solo que en esta oportunidad mamá no se puso tan intensa. Como ya había comprado mi televisor, me dediqué a maratonear todos los días, además de cocinar pizza para la cena tanto de navidad como de año nuevo. En esa oportunidad, la vecina de los libros rusos, me invitó a que viajara con ella al estado Guárico, en los llanos centrales, y honestamente pasar el tiempo entre vacas y calor, no era nada atractivo para mi. Ella se fue con la pena de no poder vigilarme para avisarle a mamá.
Pasaron los años, y a papá lo tuvieron que operar un diciembre, esa navidad decidí cambiar toda la decoración y comprar hasta un nuevo árbol, todo para ver si él se lograba animar, pues ese año ellos no viajaron y nos quedamos todos en casa. Con mamá, experimentamos hacer las hallacas por cuenta propia, pues siempre éramos de las ayudantes del proceso en casa de la abuela, pero nunca las hicimos nosotras solas.
Comimos rico, lo pasamos tranquilos en casa los 3, pues mi hermano ya vivía con su pareja muy lejos de casa, y el 31 de diciembre, además de lo tradicional, compré una torta para cantarle el cumpleaños a mi madre. Aunque papá era diabético, ese día le dejamos comer un poco de pastel. Esa fue nuestra última navidad con él.
Papá se fue en Junio, pero aunque ya había pasado algo de tiempo, ese 2007 no hubo adornos ni celebración. Ya luego de eso, mi emoción por la navidad se fue con él y aunque soy mamá, y trato de sembrarle la tradición a mis hijos, no es lo mismo.
Estando en Argentina, navidad es sinónimo de trabajo (y mucho) así que solo cenamos, lo que se pueda, sin estrenos, ni gaitas ni mucha ostentación. De hecho, luego de separarme, tuve una tercera navidad en solitario, pues mis hijos pasaron el año nuevo con su papá. Ese día trabajé hasta las 9 pm, llegué a una casa totalmente a oscuras, me bañé y me puse el pijamas, y ni me di cuenta de cuando cambió el año, ni las mil llamadas perdidas que empecé a responder al día siguiente.
Así que en mi caso, las navidades siempre han sido atípicas desde hace 18 años, pero igual agradezco poder estar con vida y salud para compartir mis días con mis hijos, que son el mejor regalo que puedo tener no solo en diciembre, sino todo el año.

For most families, December is a special month, and something they almost all have in common is the desire to get together to celebrate either the birth of Jesus on December 24/25 or the arrival of the new year, always with family or friends. But in my case, my atypical Christmases have been spent alone.
In my family, since we were the core group living in another city, we always had to travel to the home of one of my mother's sisters, where the gatherings usually took place. And I must admit that initially, because it was the custom, I looked forward to that trip to the interior of the country to spend both the summer and Christmas holidays.
But when I reached adolescence, the five-hour bus trip to a hot city, to a house without the comforts of my own home, weighed more heavily on me than seeing my family, since I also spent a whole month with them in August/September. So, one year I decided not to go.

By then, I was about 14 years old, and although my mom was always reluctant to leave me alone for two weeks, my dad gave me his vote of confidence. I wasn't the type to have friends, go out partying, or get up to mischief. Rather, I remember those days as enjoying being shut away in my room reading every book I could get my hands on, writing fictional stories, or doing crafts, although the latter didn't always turn out as I imagined, except for embroidery, which has been my secret passion since childhood.
Before leaving, my mom read me all the warnings again, and my dad just hugged me, as if sealing a pact of trust with his little girl. That day alone was liberating: no noise, no annoying brother—a reality so spectacular that I wanted it to last as long as possible.

I cooked to my liking, I could watch TV channels without fighting with my brother, who always contradicted me just to assert his supremacy as the older one, I read like never before, especially because my neighbor, whom my mother asked to stop by the house from time to time, lent me her collection of Russian works, which I devoured in two or three days each.
Phone calls checking on me, visits from several neighbors, and even the building superintendent were the new agenda. I imagine that, since I was a teenager, my mom thought I would find a way to sneak a boyfriend into the house, but I never even thought about that. I always kept my focus on my studies and my education, even during my college years.
It was a great two weeks for me, but not for my parents, who returned home on January 2, when we usually came back after Three Kings Day...

My second time was similar, but now that I was of legal age, my mom wasn't as intense. Since I had already bought my TV, I spent my days binge-watching shows and cooking pizza for both Christmas and New Year's Eve dinners. On that occasion, the neighbor with the Russian books invited me to travel with her to the state of Guárico, in the central plains, and honestly, spending time among cows and heat was not at all appealing to me. She left with the regret of not being able to keep an eye on me and tell my mom.
Years passed, and Dad had to have surgery one December. That Christmas, I decided to change all the decorations and even buy a new tree, all to see if I could cheer him up, since they weren't traveling that year and we were all staying home. With Mom, we tried making hallacas on our own, since we had always helped with the process at Grandma's house, but we had never made them ourselves.
We ate well and had a quiet time at home, just the three of us, as my brother was already living with his partner far away from home. On December 31, in addition to the traditional celebrations, I bought a cake to sing happy birthday to my mother. Although Dad was diabetic, we let him eat a little cake that day. That was our last Christmas with him.
Dad passed away in June, but even though some time had passed, there were no decorations or celebrations in 2007. After that, my excitement for Christmas went away with him, and even though I am a mother and try to instill the tradition in my children, it is not the same.

Being in Argentina, Christmas is synonymous with work (and a lot of it), so we just have dinner, whatever we can, without new clothes, bagpipes, or much ostentation. In fact, after I separated, I had a third Christmas alone, as my children spent New Year's Eve with their dad. That day I worked until 9 pm, arrived home to a completely dark house, took a shower, put on my pajamas, and didn't even notice when the year changed, nor the thousand missed calls I started answering the next day.
So in my case, Christmas has always been unusual for the past 18 years, but I am still grateful to be alive and healthy so I can spend time with my children, who are the best gift I could ever have, not only in December, but all year round.
Foto/Photo by: @mamaemigrante
Banner de portada: Cortesía de @palabras1
Edición/Edited by @mamaemigrante using canva
Translated and formatted with Deepl
Posted Using INLEO
Parece que te preparas para otras Navidades atípicas. Trajiste a mi memoria dos ocasiones en qué clientes chinos en Venezuela me regalaron hallacas, una vez una enorme y muy oriental, que en nada se diferenciaba de las autóctonas, y la otra, más parecía un bollo, pero la hoja no era de plátano, ni la masa de maíz, un bollo 100% chino que aunque estaba muy sabroso era netamente del lejano oriente. Una receta cantonesa. Esos mismos chinos se cautivaron con una paella, que era solo un arroz con pollo un poco especial la vez que lo comieron en mi casa.
No más avisa cuando te vas a escapar con los güirises y nos acompañas. Un abrazo.
Tus navidades atípicas se leen como algo de paz, consuelo y entre comillas felicidad ya que te queda el recuerdo de brindarle un gusto a tu papá y hacer sus hallacas en esa navidad. 😉. @mamaemigrante espero que esta navidad sea también atípica según tu visión con mucho descanso.
Pues si, este año pintan ser atípicas porque no tendré que trabajar hasta tarde ni noche buena ni fin de año. Ahora no sé que haré con tanto "tiempo libre".
...Pero llegada la adolescencia, el hacerme un viaje en colectivo durante 5 horas, a una ciudad calurosa, a una casa sin las comodidades de mi casa
Esto que te ocurrió, ha sido la copia fiel de las Navidades de mis hijos y los hijos de mis hermanos. Cuando crecieron, ya no querían ir a Valencia. Ponían mil pretextos; que si las novias, que si los invitaban, etc. Hasta las celebraciones en familia, se fueron apagando... Además, se fueron primero que mamá mis tres hermanos mayores y papá, justo en diciembre, y un año tras otro. Había que "Pasar agachao pues..." lamentablemente fue en este octubre, que mi lucero se apagó. Así que creo que este año solo el afortunado será mi Niño Jesús, que tendrá su estreno como siempre... Pero del resto, me provoca ir a una gran plaza y alzar la vista al cielo, ver las estrellas hasta que amanezca ...
Esta sí que será una Navidad atípica para mí. Ya somos dos je, je, je... Te sugiero que te inventes algo, para que tus niños sientan que estamos en Navidades y que Nace el Niño Dios. Eso sí, el día de Reyes, me destacaré, preparando mis tres cotillones jajajá… Cariños, amiga. 😍