(ESP/ENG) Mi Buen Hábito Es: Un Refugio Verde Que Me Enseñó A Ser Paciente

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Agradezco la invitación de @lilianajimenez, ya que cada publicación que hago en esta comunidad se ha convertido en un gran hábito que me da tranquilidad. Y precisamente, es sobre ese tema que nos invitó Liliana a escribir.

Siempre he dicho que mis suculentas son las únicas que no me hacen rabiar. No es que mis mascotas sean malas, al contrario, las adoro. Pero cada una tiene su carácter, y siempre hay alguna que hace travesuras que me sacan de quicio. A diferencia de otros animales, que tienen su propia manera de aprender la jerarquía, en mi caso, soy yo quien tiene que intervenir. Por ejemplo, mi gato, que antes era el líder de la "manada", ya está más viejo, y uno de los otros machos lo golpeó una vez. Así que ahora tengo que estar constantemente retándolos para evitar que eso vuelva a suceder. A veces, esto me molesta, pero los entiendo porque son animales. Lo que realmente me estresa son los problemas familiares, que son mucho más complicados de manejar y difíciles de resolver.

En medio de toda esa vorágine de emociones, mis suculentas se han convertido en mi refugio. Tenerlas, verlas crecer y cuidarlas se ha vuelto una parte importante de mi rutina, algo que me relaja y me da tranquilidad. Pero si hay algo que he aprendido con ellas es que cuidar plantas no es tan fácil como parece y, sobre todo, que hay que tener muchísima paciencia.

Antes, yo no tenía nada de paciencia. Siempre he sido una persona impaciente, pero mis suculentas me han enseñado a esperar, a confiar en que, con el tiempo y los cuidados adecuados, todo mejora. Un claro ejemplo de esto fue cuando mi árbol Crassula Ovata Gollum enfermó. Me di cuenta de que algo andaba mal porque sus hojas comenzaron a decaer, y al revisar sus raíces descubrí que tenía nematodos. La única solución fue cortarle todas las raíces enfermas y quitarle las hojas afectadas, lo que lo dejó convertido en unos simples palitos paraditos en la maceta.

Verlo así fue desalentador, pero no me rendí. Seguí cuidándolo, regándolo con moderación, revisándolo con frecuencia y esperando a que, poco a poco, volviera a recuperarse. Y lo hizo, pero no fue algo inmediato. Tardó un año y medio en comenzar a crecer de nuevo, y aunque aún no ha recuperado su tamaño original, ver su lento progreso me ha enseñado que algunas cosas toman tiempo y que hay que saber esperar.

He aprendido, además de la paciencia, que al cuidar suculentas se debe estar siempre atenta. Primero fueron mis gatos, que decidieron que la tierra de mis macetas era un excelente baño. Luego vinieron las plagas, que siempre atacaban las plantas de mi papá y, de vez en cuando, se pasaban a las mías. He tenido que aprender a reconocer y combatir la cochinilla algodonosa, los pulgones, el gusano minador y muchas otras plagas antes de que hagan demasiado daño.

Pero si todo eso no era suficiente, el olivo del vecino también quiso complicarme la vida. Coloqué mis suculentas en un lugar donde les daba buen sol, sin darme cuenta de que el olivo estaba floreciendo. Sus flores cayeron sobre mis suculentas y, como estos árboles son propensos a plagas y hongos, mis pobres plantitas terminaron con un hongo blanco. Apenas lo noté, tuve que actuar rápido, limpiarlas y cambiarlas de sitio antes de que fuera peor.

Todo esto me ha enseñado que cuidar suculentas no es solo regarlas de vez en cuando y ya. Requieren atención, observación y, sobre todo, paciencia. Sé que puede sonar frustrante, pero todo esto me ha ayudado a cultivar hábitos que me dan paz. Cuidarlas me da tranquilidad. Me encanta verlas crecer, florecer y recuperarse después de cada problema. Me gustaría tener un jardín algún día, con más plantas aparte de suculentas, especialmente medicinales, pero por ahora, solo tengo espacio para mis suculentas, que ya han pasado por tanto que me sorprende que sigan vivas.

Cuidarlas ya es parte de mi rutina, algo que hago sin pensarlo y que realmente me hace sentir bien. Así que sí, creo que este es mi buen hábito: cuidar a mis suculentas contra todo pronóstico y, sobre todo, aprender de ellas la paciencia que antes no tenía.


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I appreciate the invitation from @lilianajimenez, as every post I make in this community has become a great habit that brings me peace. And precisely, this is the topic Liliana invited us to write about.

I’ve always said that my succulents are the only ones that don’t make me angry. It’s not that my pets are bad; on the contrary, I adore them. But each one has its own character, and there’s always one that causes mischief that drives me crazy. Unlike other animals, who have their own way of learning hierarchy, in my case, I’m the one who has to intervene. For example, my cat, who used to be the leader of the “pack,” is now older, and one of the other males hit him once. So now I have to constantly reprimand them to prevent that from happening again. Sometimes, this bothers me, but I understand because they are animals. What really stresses me out are family problems, which are much more complicated to handle and harder to resolve.

In the midst of all that whirlwind of emotions, my succulents have become my refuge. Having them, watching them grow, and taking care of them has become an important part of my routine, something that relaxes me and brings me peace. But if there’s one thing I’ve learned from them, it’s that taking care of plants isn’t as easy as it seems, and, above all, that it requires a lot of patience.

Before, I had no patience at all. I’ve always been an impatient person, but my succulents have taught me to wait, to trust that with time and proper care, everything gets better. A clear example of this was when my Crassula Ovata Gollum tree got sick. I realized something was wrong because its leaves began to wither, and when I checked its roots, I discovered it had nematodes. The only solution was to cut off all the sick roots and remove the affected leaves, which left it as just a few sticks standing in the pot.

Seeing it like that was discouraging, but I didn’t give up. I kept taking care of it, watering it moderately, checking on it regularly, and waiting for it to gradually recover. And it did, but it wasn’t immediate. It took a year and a half before it started growing again, and although it hasn’t regained its original size, seeing its slow progress has taught me that some things take time and that you have to learn to wait.

I’ve also learned, in addition to patience, that when caring for succulents, you always need to be vigilant. First, it was my cats, who decided that the soil in my pots was an excellent bath. Then came the pests, which always attacked my dad’s plants and, occasionally, would make their way to mine. I’ve had to learn how to recognize and combat mealybugs, aphids, the leaf miner, and many other pests before they cause too much damage.

But if all that wasn’t enough, the neighbor’s olive tree also decided to complicate my life. I placed my succulents in a spot where they got good sunlight, unaware that the olive tree was blooming. Its flowers fell on my succulents, and since these trees are prone to pests and fungi, my poor plants ended up with a white fungus. As soon as I noticed, I had to act quickly, clean them, and move them to a different spot before it got worse.

All of this has taught me that caring for succulents isn’t just about watering them every now and then. They require attention, observation, and, above all, patience. I know it might sound frustrating, but all of this has helped me cultivate habits that bring me peace. Taking care of them gives me tranquility. I love seeing them grow, bloom, and recover after every problem. I’d like to have a garden someday, with more plants besides succulents, especially medicinal ones, but for now, I only have space for my succulents, which have been through so much that I’m surprised they’re still alive.

Taking care of them is now part of my routine, something I do without thinking and that really makes me feel good. So yes, I think this is my good habit: taking care of my succulents against all odds and, above all, learning from them the patience I didn’t have before.


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Banner e imagen de portada creados en Canva con recursos gratis
Traducido al inglés con Deepl Translator
Las imagenes utilizadas son de mi propiedad



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Te entiendo amiga, mi refugio aparte de mis hijos, mi esposo, son mis plantas, mi amado jardin donde cada día soy feliz. Tus suculentas seguro aprecian ese amor y cuido, que lindo poder refugiarse en esos espacios verdes que nos llenan de bienestar.

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Se siente la paz cuando se está con ellas. Soy de las que creé que todo hogar debe de tener un lugar verde 🌿
Gracias por visitarme ☺️

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Me gustó mucho su post. Su paciencia y dedicación le ha dado buenos resultados. Felicidades

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Hola 👋
He aprendido a tener más paciencia, antes jamás hubiese podido esperar tanto.

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Cuidar de las plantas es un excelente hábito que además de relajar, enseña la paciencia, el aprecio por la belleza y da la satisfacción de cuidar a otros. Yo tuve unas suculentas y no me duraron mucho. Me alegro que hayas logrado el equilibrio que este tipo de plantas necesitan para prosperar. Abrazos.

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