Gratitude, the food of the soul / La Gratitud, el alimento del alma (eng-)
Hello, friends of @holos-lotus.
I appreciate @abelarte giving me the opportunity to talk about a topic I'm passionate about.
There are days when the world seems heavy, when responsibilities crush like a slab and fatigue clouds the light. I am a mother, a writer, a woman. I have two children who are my joy and, at the same time, my greatest challenge. I have words that want to come out and a life that sometimes doesn't let me write them. But in the midst of the chaos, I have discovered an antidote, a silent refuge that transforms everything: gratitude.
I'm not talking about a simple thank you out of obligation, but rather a conscious attitude; about stopping in the middle of the storm and recognizing the good, no matter how small. Because gratitude doesn't negate difficulties, but it does lighten them. And, over time, I've found that this simple exercise has the power to heal the mind, to restore balance to the heart.
Science confirms it: being grateful reduces stress, improves sleep, and strengthens mental health. If you don't believe me, read this post by @emiliorios.
But beyond the studies, I've experienced it firsthand. When the stress of editorial deadlines, sleepless nights because of a sick child, or trivial arguments threaten to rob me of my peace, I pause. And I begin to list, as if it were a secular prayer:
Thank you for this hot coffee in my hands. For having the ability to feel it.
Thank you because my children, although exhausting, are healthy and hug me every day.
Thank you for the words I can still write, for the stories that continue to be born within me.
It's not magic, but almost. The brain can't be in complaint mode and gratitude mode at the same time. When I choose the latter, anxiety loses its power. Gratitude doesn't eliminate problems, but it does change the way I experience them.
Motherhood is a territory of fierce love, but also of infinite exhaustion. There are days when all I see is the mess, the screaming, the empty fridge, and the pile of unwashed laundry. But then I remember: how many women wish they had this chaos that overwhelms me? How many people would give anything to hear the laughter of a child, which, in my case, I sometimes take for granted?
Gratitude gives me perspective. It makes me see that tiredness is the price of a privilege: that of being a mother. That the toys scattered on the floor are a sign of life, that there are two healthy, energetic little people whom I love more than my own breath. And that, even though I sometimes feel invisible, they need me; they choose me every day, even in my worst moments.
Besides, who am I kidding? When they're not around, at school or at Grandma's house, I miss all that chaos. My days aren't the same without that happiness.
Unfortunately, it's becoming more and more apparent that in these moments, gratitude can be seen as an act of rebellion.
We live in a world that encourages us to be constantly dissatisfied. Social media shows us falsely perfect lives. Advertising tells us we're always missing something. Rushing around robs us of the ability to savor what we already have.
Given all of this, being grateful is, then, a revolutionary act. As @emiliorios said, it's changing a paradigm.
How sad that is, right?
Because when I'm grateful, I refuse to fall into the trap of it's not enough. I celebrate what I have here and now:
The love of my family, imperfect but real.
The possibility of creating. It seems silly, but there are those who lack the necessary imagination.
I'm grateful for health. Mine and that of my loved ones.
Friendship. Those few people who know me and love me without masks.
I want my children to inherit this: the ability to find beauty in the simple things. To not take for granted the morning sun, the books on their table, the shared bread. To learn that happiness is not in having more, but in recognizing the value of what already surrounds them.
Even if it seems small, it's more than others have, and it's all they need at that moment.
That's why, every night before bed, I ask them: What are you thankful for today? I stole this custom from the church I attended as a child. Before, they didn't know what to be thankful for. They thought I was asking about things of great importance. Big things.
But they've learned. Sometimes, they say simple things like: for the ice cream, because we won the game. Others surprise me: because Mom read us a new story, because Dad didn't go to work.
In those moments, I know I'm giving them a weapon against bitterness, a shield for when life hits them.
I'm not a positivity guru. I have gray days, moments when gratitude slips through my fingers. But I always return to it, like returning home. Because in the end, life isn't perfect... although in the end, that makes it ideal. A utopian story, without conflict, is like rice without salt.
So today, as I write these lines, I choose to be grateful: for the words, for the love, for the opportunity to continue learning to be happy (even if not satisfied) with who I am and what I have. Because gratitude, after all, is the true food of the soul.
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Hola, amigos de @holos-lotus.
Agradezco la posibilidad de que @abelarte para hablar de un tema que me apasiona.
Hay días en los que el mundo parece pesado, en los que las responsabilidades aplastan como una losa y el cansancio nubla la luz. Soy madre, escritora, mujer. Tengo dos hijos que son mi alegría y, a la vez, mi mayor desafío. Tengo palabras que quieren salir y una vida que a veces no me deja escribirlas. Pero en medio del caos, he descubierto un antídoto, un refugio silencioso que todo lo transforma: la gratitud.
No hablo de un simple dar las gracias por obligación, sino de una actitud consciente; de detenerse en medio del huracán y reconocer lo bueno, por pequeño que sea. Porque la gratitud no niega las dificultades, pero sí las aligera. Y, con el tiempo, he comprobado que este simple ejercicio tiene el poder de sanar la mente, de devolver el equilibrio al corazón.
La ciencia lo confirma: ser agradecido reduce el estrés, mejora el sueño y fortalece la salud mental. Si no me creen, lean esta publicación de @emiliorios.
Pero más allá de los estudios, lo he vivido en carne propia. Cuando el agobio por los plazos editoriales, las noches sin dormir por un hijo enfermo o las discusiones triviales amenazan con robarme la paz, hago una pausa. Y empiezo a enumerar, como si fuera un rezo laico:
Gracias por este café caliente entre mis manos. Por tener la capacidad de sentirlo.
Gracias porque mis hijos, aunque agotadores, están sanos y me abrazan cada día.
Gracias por las palabras que aún puedo escribir, por las historias que siguen naciendo en mí.
No es magia, pero casi. El cerebro no puede estar en modo queja y en modo gratitud al mismo tiempo. Cuando elijo lo segundo, la ansiedad pierde fuerza. La gratitud no elimina los problemas, pero sí cambia mi manera de habitarlos.
La maternidad es un territorio de amor feroz, pero también de desgaste infinito. Hay días en los que solo veo el desorden, los gritos, la nevera vacía y la pila de ropa sin lavar. Pero entonces recuerdo: ¿cuántas mujeres desearían tener este caos que a mí me abruma? ¿Cuántas darían lo que fuera por escuchar la risa de un hijo que, en mi caso, a veces doy por sentado?
La gratitud me devuelve la perspectiva. Me hace ver que el cansancio es el precio de un privilegio: el de ser madre. Que los juguetes regados por el suelo son señal de vida, de que hay dos pequeñas personas sanas y llenas de energía a las que amo más que a mi propia respiración. Y que, aunque a veces me sienta invisible, ellos me necesitan, me eligen todos los días, incluso en mis peores momentos.
Además, ¿a quién engaño? Cuando no están, que se encuentran en la escuela o en casa de la abuela, extraño todo ese caos. Mis días no son lo mismo sin esa felicidad.
Por desgracia, cada día es más visible que en estos momentos, la gratitud puede verse como un acto de rebeldía.
Vivimos en un mundo que nos incita a la insatisfacción permanente. Las redes sociales nos muestran falsas vidas perfectas. Las publicidades nos dicen que siempre nos falta algo. La prisa nos roba la capacidad de saborear lo que ya tenemos.
Ante todo eso, ser agradecida es, entonces, un acto revolucionario. Como dijo @emiliorios, es cambiar un paradigma.
Qué triste eso, ¿verdad?
Porque cuando agradezco, me niego a caer en la trampa del no es suficiente. Celebro lo que tengo aquí y ahora:
El amor de mi familia, imperfecto pero real.
La posibilidad de crear. Parece algo tonto, pero hay quienes carecen de la imaginación necesaria.
Agradezco por la salud. La mía y la de mis seres queridos.
La amistad. A esas pocas personas que me conocen y me quieren sin máscaras.
Quiero que mis hijos hereden esto: la capacidad de encontrar belleza en lo sencillo. Que no den por sentado el sol de la mañana, los libros en su mesa, el pan compartido. Que aprendan que la felicidad no está en tener más, sino en reconocer el valor de lo que ya les rodea.
Aunque parezca poco, es más de lo que otros tienen y es todo lo que necesitan en ese momento.
Por eso, cada noche, antes de dormir, les pregunto: ¿Por qué cosas están agradecidos hoy? Esta costumbre la robé de la iglesia a la que iba cuando niña. Antes no sabían qué agradecer. Pensaban que preguntaba por cosas de gran importancia. A las cosas grandes.
Pero ya han aprendido. A veces dicen cosas simples: por el helado, porque ganamos el partido. Otras, me sorprenden: porque mamá nos leyó un cuento nuevo, porque papá no se fue a trabajar.
En esos momentos, sé que les estoy dando un arma contra la amargura, un escudo para cuando la vida les golpee.
No soy una gurú de la positividad. Tengo días grises, momentos en los que la gratitud se me escapa entre los dedos. Pero siempre vuelvo a ella, como se vuelve a casa. Porque al final, la vida no es perfecta… aunque al final, eso la hace ideal. Una historia utópica, sin conflicto, es como un arroz sin sal.
Así que hoy, mientras escribo estas líneas, elijo agradecer: por las palabras, por el amor, por la oportunidad de seguir aprendiendo a ser feliz (aunque no conforme) con lo que soy y lo que tengo. Porque la gratitud, al fin y al cabo, es el verdadero alimento del alma.
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STOP
Muchas gracias por tu participación!
Me alegro mucho ver tu visión de la gratitud.
Nuevamente, muchas gracias 😌
Agradecer los bienes concedidos no es una cuestión material, es un reconocimiento desde el ser que deja la puerta abierta al bien
Un abrazo
@tipu curate 7
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