Un país desde mi memoria [Also in English]
![]() |
|---|
En víspera de Reyes me encontré con una chica que comentaba que le resultaba imposible creer que un docente en Venezuela pudiera amoblar su casa gracias a sus bonos o utilidades de fin de año. Eso me causó una profunda tristeza y, al mismo tiempo, se me revolvieron las entrañas por todo el disgusto acumulado que cargo desde hace más de 25 años.
¿Cómo puede ser que los gobernantes de un país sometan a su gente al desconocimiento, que violen el derecho a elegir lo que queramos e incluso a decidir a qué dedicarnos? El dolor aumenta.
Si no me equivoco, en alguna oportunidad, en esta comunidad o en la comunidad hermana Be Entrepreneur, expuse que, desde muy joven, vendía casetes con música que sonaba en las emisoras de radio de la época, pero cuyos discos aún no habían llegado al país. Eso me generó suficientes ganancias como para comprar mejores equipos de sonido, mezcladores y más. Tanto así que logré reunir la inicial para comprar mi primer carro: un Ford Maverick 74, usado, pero un verdadero carrazo, en excelentes condiciones.
Mi papá solo me ayudó siendo el fiador; no me dio el dinero. Simplemente me animó en mi decisión y me respaldó con su firma. El crédito fue aprobado de inmediato y las mensualidades quedaron en cómodas cuotas (40 bolívares al mes).
Al graduarme, pasé a trabajar con concesionarios automotrices que estaban expandiendo sus departamentos de informática. El sueldo era bastante atractivo; era un mundo maravilloso, lleno de cosas por aprender y de oportunidades. Me permitía ayudar a mis padres, ahorrar y, más adelante, casarme, alquilar un apartamento y, al año, comprar uno propio.
No tenía 25 años y había logrado una infinidad de cosas: tenía seguro para el apartamento, seguro para el carro, seguro de vida, de hospitalización y podía pagar todas esas pólizas. Mis sueños se cumplían y solo tenía que trabajar duro, mantenerme actualizado y ser agradecido con el Padre. Los bancos incluso me enviaban tarjetas de crédito sin que yo las solicitara.
La chica que les conté al principio me dijo que tenía apenas 28 años y que no había podido comprar un carro, que aún vivía con sus padres y que reunir una inicial para un vehículo lo veía como algo muy lejano. Hoy en día, una inicial de 7.000 dólares para un carro nuevo en el país requiere echarle muchas esféricas. Es cuesta arriba.
Toda esa conversación me recordó lo que mis hijos han tenido que vivir a causa de esta tragedia que hemos atravesado como país. Dos de ellos han tenido que irse, y gracias a eso ambos lograron comprar carro nuevo, y uno ya está en diligencias para adquirir un apartamento.
Los otros dos, a duras penas, pudieron comprar carros usados, pero adquirir un apartamento lo ven como algo muy lejano. Todos son profesionales, inteligentes, pero eso no parece valer en este país. Y casarse y tener hijos… eso todavía no es una opción, al menos para los que se quedaron.
La chica y mis hijos son apenas una pequeña muestra de quienes han sufrido —muchas veces sin saberlo— las consecuencias de un pensamiento político egoísta que miente al decir que desea lo mejor para todos, cuando en realidad ocurre todo lo contrario. Estos jóvenes no conocen otra forma de gobernabilidad; no han vivido las bondades que yo viví. Solo los dos que están fuera pueden darles referencia a los que se quedaron sobre cómo hay cosas que se pueden lograr, decisiones que se pueden tomar y, lo más maravilloso, la posibilidad de sentirse con una mejor calidad de vida.
Que hay que trabajar, pues claro. Yo trabajé duro para alcanzar mis objetivos, y mis hijos que están fuera —los mayores— se han tenido que sudar cada logro, y eso les ha dado satisfacción.
Todo lo que les he contado, a propósito de la conversación con la chica, se originó por los recientes acontecimientos que han sucedido en el país. Eso la llevó a preguntarse: ¿qué esperar después de una transición? No lo sabía y esa incertidumbre la angustiaba.
Fue entonces cuando le eché todo el cuento que ustedes han leído y que estoy seguro de que muchos comparten.
Le resalté con entusiasmo que muchas puertas que hoy están bloqueadas se abrirán, permitiendo desarrollar nuevos emprendimientos, estudiar, publicar libros, entrar a competir con todas las de la ley en el e-commerce y mucho más.
Estoy seguro de que vamos en la dirección correcta. No a la velocidad deseada, pero sí avanzando hacia ser mejores en todos los aspectos, y eso me tiene emocionado, feliz y profundamente agradecido.
La chica, mis hijos y esa generación —o esas dos generaciones— que no conocieron las bondades que yo viví podrán disfrutarlas, y seguramente mucho más, porque de esta oscuridad se aprenderá. Se corregirán los errores para no repetir jamás otra pesadilla semejante y para dejarle a nuestra descendencia un país hermoso, productivo y bendecido, tal como a mí siempre me lo dijeron.
Que tengan todos un maravilloso 2026.
Todos los derechos reservados. © Copyright 2021-2026 Germán Andrade G.
Todas las imágenes fueron editadas usando CANVA.
Es mi responsabilidad compartir con ustedes que, como hispanohablante, he tenido que recurrir al traductor Yandex Translate para poder llevar mi contenido original en español al idioma inglés. También, hago constar que he utilizado la herramienta de revisión gramatical Grammarly.
En algún lugar del planeta, 6 de enero de 2026
English
A Country Through My Memory
On the eve of Three Kings’ Day, I met a young woman who said she couldn't believe that a teacher in Venezuela could furnish a home thanks to year-end bonuses or benefits. That filled me with deep sadness and, at the same time, stirred my insides with all the accumulated frustration I’ve been carrying for more than 25 years.
How is it possible that a country’s rulers subject their people to ignorance, violate the right to choose what we want, and even decide what we are allowed to dedicate our lives to? The pain grows.
If I’m not mistaken, on one occasion in this community—or in the sister community Be Entrepreneur—I shared that from a very young age, I sold cassette tapes with music that was playing on the radio at the time, but whose albums had not yet arrived in the country. That brought me enough income to buy better sound equipment, mixers, and more. So much so that I managed to save the down payment to buy my first car: a used 1974 Ford Maverick, but a real beauty, in excellent condition.
My father only helped by being the guarantor; he didn’t give me the money. He simply encouraged my decision and backed me with his signature. The loan was approved immediately, and the monthly payments were set at very manageable installments (40 bolívares a month).
After graduating, I went on to work with automotive dealerships that were expanding their IT departments. The salary was quite attractive; it was a wonderful world, full of things to learn and opportunities to grow. It allowed me to help my parents, save money, and later on get married, rent an apartment, and a year later buy one of my own.
I wasn’t yet 25 years old and had already achieved so many things: I had insurance for the apartment, insurance for the car, life insurance, health insurance, and I could afford all those policies. My dreams were coming true, and all I had to do was work hard, stay updated, and be grateful to the Father. Banks even sent me credit cards without me asking for them.
The young woman I mentioned at the beginning told me she was only 28 years old and hadn’t been able to buy a car, that she was still living with her parents, and that saving up for a down payment felt very far away. Nowadays, a $7,000 down payment for a new car in the country requires a tremendous effort. It’s an uphill battle.
That entire conversation reminded me of what my children have had to endure because of the tragedy we have lived through as a country. Two of them had to leave, and thanks to that, both were able to buy new cars, and one of them is already in the process of acquiring an apartment.
The other two barely managed to buy used cars; purchasing an apartment feels very distant to them. All of them are professionals, intelligent people, but that doesn’t seem to matter in this country. And getting married and having children… that’s still not an option, at least for those who stayed.
The young woman and my children are just a small sample of those who have suffered—often without realizing it—the consequences of a selfish political mindset that claims to want the best for everyone, when in reality it produces the exact opposite. These young people know no other form of governance; they haven’t lived the benefits I once experienced. Only the two who are abroad can give those who stayed a reference of how things can be achieved, choices can be made, and—most importantly—what it feels like to have a better quality of life.
That hard work is required, of course. I worked hard to reach my goals, and my children, who are abroad—the older ones—have had to sweat for every achievement, and that effort has satisfied them.
Everything I’ve shared, sparked by that conversation with the young woman, originated from the recent events that have taken place in the country. That led her to ask herself: What can be expected after a transition? She didn’t know, and that uncertainty caused her anxiety.
That was when I told her the whole story you’ve just read, and which I’m sure many of you share.
I emphasized with enthusiasm that many doors that are currently blocked will open, allowing new ventures to grow, studies to resume, books to be published, and fair competition in e-commerce, and much more.
I am certain we are moving in the right direction. Not at the speed we would like, but we are moving forward, striving to be better in every aspect, and that makes me feel excited, happy, and deeply grateful.
The young woman, my children, and that generation—or those two generations—that never experienced the benefits I once did will be able to enjoy them, and surely much more. From this darkness, lessons will be learned. Mistakes will be corrected so that such a nightmare is never repeated, and so we can leave our descendants a beautiful, productive, and blessed country—just as I was always told it should be.
I wish you all a wonderful 2026.
All rights reserved. © Copyright 2021-2026 Germán Andrade G.
All images were edited using CANVA.
Somewhere on the planet, January 6, 2026.
It is my responsibility to share with you that, as a Spanish speaker, I have had to resort to the translator Yandex Translate to translate my original Spanish content into English. I also state that I have used the grammar-checking tool Grammarly.


Hola @germanandradeg. Te leo y no puedo dejar de sentir nostalgia de aquellos lejanos tiempos donde estudiar, prepararte y trabajar, te abría puertas para alcanzar metas y sueños que te proponías, también pienso en mis hijos y lo que han alcanzado en el país donde se encuentran y en estos jóvenes que están aquí, en su país, con pocas posibilidades para lograr lo que desean. Como dices, los vientos están cambiando y por un futuro mejor para ellos esperemos que todo sea para bien.
Mi querida @damarysvibra, después de conversar con la chica y escribir el texto, no he dejado de pensar en estos más de veinte años. Siento que han pasado rápido, pero a la vez han sido tan destructivos que me invade la tristeza. No me aferro a lo negativo; me ocurrieron muchas cosas buenas en estas dos décadas, pero el horror y sus consecuencias nos han golpeado duro.
En el texto mencioné a dos generaciones pensando en los descendientes, pero somos más; es un cuarto de siglo oscuro. Aun así, me empeño en mirar al horizonte y distingo un rayito de esperanza; mantengo la fe de que veré aquello que tanto anhelamos.
Otra cosa que noto con suma tristeza es que todavía hay personas que defienden esta porquería. Gente que consideré inteligente, pero que con su actitud actual parecen ancladas en pensamientos del siglo XIX, como si la mente no les bastara para analizar, discernir y darse cuenta de la barbarie. No escribo más; recuerdo que estamos amordazados. Solo te agradezco haberme leído.
¡Feliz 2026 para ti, para tu esposo y toda tu familia!
!ALIVE
Hola. Tienes mucha razón. Que todos los cambios de Venezuela y del mundo sean para mejor. Feliz año 2026. Besitos
¡Gracias, ojos bellos (@jesni)!
!ALIVE
Creo haber interpretado que, hoy, un docente en Venezuela puede amueblar su casa con las utilities de fin de año.
Es así?
Saludos desde Cuba.
En el pasado.
El escenario deseado por usted es visto, por muchos, como el más favorable, aunque dependerîa de la cooperación de las Fuerzas Armadas y el chavismo. De lo contrario.....
Gracias
Para plasmar en los recuerdos y hacer un retrato en palabras para las generaciones que vendrán. Cuanta nostalgia y verdad.
Saludos.
Muchas gracias, Luisa (@slwzl) por tu visita que alegra y por ese lindo comentario.
!ALIVE
Una gran diferencia aquellos años con los de ahora, hace años que el poder adquisitivo se ha puesto cuesta arriba y cada vez es más difícil. Para muchos, prosperar los llevó a emigrar. Saludos.
Gracias por tu amable comentario. Estoy seguro de que las cosas van a cambiar para bien.
Saludos.
!ALIVE
Update: @germanandradeg, I paid out 0.593 HIVE and 0.061 HBD to reward 2 comments in this discussion thread.