No es Grave [Also in English]
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La esposa despertó alarmada por los gritos de él. La pregunta inevitable fue:
—¿Por qué gritas? Vas a despertar a todos en la urbanización.
Él respondió con quejidos: un calambre le había atacado la pierna y el dolor era insoportable.
Eso no sucedió en una sola noche; fueron demasiadas hasta que Raquel le sugirió a su esposo, Leocadio, que debía ir al médico. Él, como todo macho vernáculo que se cree todopoderoso, le dijo que “no es grave”, que no era necesario verse con un matasanos, que con unas cremitas y algunas infusiones seguro se le pasaría.
Pero no fue así.
Los calambres se hicieron más intensos y a Leocadio no le quedó otra que ir al médico.
En el ambulatorio del norte lo atendió la doctora Peña. Él le comentó todo lo que sentía y ella le recetó unos calmantes y dio instrucciones para realizar exámenes de sangre y orina. Al tercer día, Leocadio asistió nuevamente a consulta para llevar los resultados de los análisis. La doctora Peña los leyó y, según lo que entendió, Leocadio no tenía nada. Parecía haber sido algo viral y le recetó complejo B, más calmantes, caminatas diarias de al menos treinta minutos y recibir rayos del sol todas las mañanas antes de las nueve.
Leocadio le comentó a Raquel lo que le dijo la doctora y la chica adoptó la postura de un sargento para que Leocadio cumpliera a cabalidad con todo lo indicado por el médico. Las siguientes noches fueron de paz absoluta. Siguieron con sus vidas sin problemas. Raquel daba gracias al cielo.
A los diecisiete meses de aquella pesadilla, los dolores volvieron. Pero esta vez no aparecieron en las horas de dormir; se presentaron en pleno día y en la oficina de Leocadio. Sus compañeros se asustaron al ver a aquel hombre retorcerse en el suelo, y los gritos penetraron la caja craneal de todos los presentes. Lo levantaron y lo llevaron al puesto asistencial más cercano. Le hicieron análisis y estos no arrojaban nada excepcional, tan solo un nivel levemente por encima del rango normal de colesterol.
El médico del centro de salud le recomendó una dieta y unas inyecciones. Otra vez el complejo B fue el recomendado.
Transcurrieron diecisiete días y el dolor apareció una madrugada. Y otra, y otra más. Los dolores se instalaron sin consentimiento.
Otra vez en el médico, y los análisis no daban muestra de algo extraño. Al chico, por los dolores, le costaba caminar; tenía que ayudarse con un bastón y sus actividades cotidianas se fueron reduciendo. Fueron a infinidad de especialistas y nadie daba con la causa de la degradación física de Leocadio.
Los dolores y los gritos provocaron tristeza y mal humor. La paz del hogar había sido atacada y los ingresos habían mermado porque Leocadio ya no podía trabajar. Esto, inevitablemente, hizo que Raquel se quebrara. Se fue de la casa.
Leocadio quedó solo, pero buenos vecinos y algunos amigos se preocuparon por él y le echaron una mano. Lo atendieron, lo ayudaron a bañarse, a distraerse, pero nada de eso detenía la sombra oscura que consumía a Leocadio.
Cayó en cama y para levantarlo había que contar con dos hombres fuertes. Leocadio era de gran estatura y pesaba una bola. Los amigos se turnaron para limpiarlo a la hora de defecar; lo bañaron, pero nadie aguanta tanto. Poco a poco, los amigos fueron desapareciendo y Leocadio no mejoraba. El color de su piel lo hacía parecer un personaje de Los Simpson.
Hasta que llegó la enfermera Loly. Era una vecina que se había enterado de la situación de Leocadio y de su enfermedad. Ella trabajaba con un médico algo especial que practicaba métodos nada comunes. Leocadio fue llevado ante el especialista; Loly lo llevó. Se le hicieron otros exámenes y estos arrojaron un resultado nefasto.
Leocadio falleció una madrugada, a la misma hora en que comenzaron los dolores un año atrás. Una enfermedad brutal atacó sus huesos hasta desintegrarlos. La salud del pobre chico hizo implosión.
Hasta aquí mis cinco minutos.
Todos los derechos reservados. © Copyright 2021-2026 Germán Andrade G.
El contenido original fue escrito para:
22 January 2026, @mariannewest's Freewrite Writing Prompt Day 2990: it’s not critical por @daily.prompt.
Todas las imágenes fueron editadas usando CANVA.
Es mi responsabilidad compartir con ustedes que, como hispanohablante, he tenido que recurrir al traductor Yandex Translate para poder llevar mi contenido original en español al idioma inglés. También, hago constar que he utilizado la herramienta de revisión gramatical Grammarly.
En algún lugar del planeta, 22 de enero de 2026
English
It’s Nothing
The wife woke up, alarmed by his screams. The inevitable question followed:
“Why are you screaming? You’re going to wake everyone in the neighborhood.”
He answered through groans: a cramp had seized his leg, and the pain was unbearable.
It didn’t happen just one night; there were too many until Raquel suggested to her husband, Leocadio, that he should see a doctor. He, like any local macho who believes himself all-powerful, told her “it’s not critical,” that there was no need to see a quack, that with a few creams and some herbal infusions it would surely pass.
But it didn’t.
The cramps grew more intense, and Leocadio had no choice but to go to the doctor.
At the northern clinic, he was seen by Dr. Peña. He told her everything he was feeling, and she prescribed painkillers and ordered blood and urine tests. Three days later, Leocadio returned with the results. Dr. Peña read them and, as far as she could tell, Leocadio had nothing. It seemed to be something viral. She prescribed a vitamin B complex, additional painkillers, daily walks of at least thirty minutes, and morning sun exposure before 9:00 a.m.
Leocadio told Raquel what the doctor had said, and she adopted the stance of a drill sergeant to make sure he followed every instruction to the letter. The following nights were peaceful. Life went on without trouble. Raquel thanked heaven.
Seventeen months after that nightmare, the pain returned. This time it didn’t strike at night; it appeared in broad daylight, in Leocadio’s office. His coworkers panicked when they saw him writhing on the floor, his screams drilling into everyone’s skull. They lifted him and took him to the nearest health post. Tests were run, but nothing unusual appeared—only cholesterol slightly above the normal range.
The doctor recommended a diet and injections. Once again, vitamin B complex was prescribed.
Seventeen days passed, and the pain appeared one dawn. And then another. And another. The pain settled in without permission.
Back to the doctor again, and the tests showed nothing strange. Because of the pain, walking became difficult; he had to use a cane, and his daily activities gradually diminished. They went to countless specialists, but no one could identify the cause of Leocadio’s physical deterioration.
The pain and the screaming brought sadness and bitterness. The peace of the household was broken, and their income declined because Leocadio could no longer work. Inevitably, Raquel broke. She left the house.
Leocadio was left alone, but kind neighbors and a few friends worried about him and lent a hand. They cared for him, helped him bathe, tried to distract him, but nothing stopped the dark shadow consuming Leocadio.
He became bedridden, and lifting him required two strong men. Leocadio was tall and weighed a ton. His friends took turns cleaning him after he defecated; they bathed him, but no one can endure that forever. Slowly, the friends disappeared, and Leocadio showed no improvement. The color of his skin made him look like a character from The Simpsons.
Then nurse Loly arrived. She was a neighbor who had heard about Leocadio and his illness. She worked with a somewhat unusual doctor who practiced unconventional methods. Leocadio was taken to see the specialist—Loly took him. More tests were done, and the results were devastating.
Leocadio died one dawn, at the same hour the pain had begun a year earlier. A brutal disease attacked his bones until they disintegrated. The poor man’s health imploded.
That’s my five minutes.
All rights reserved. © Copyright 2021-2026 Germán Andrade G.
The original content was written for:
22 January 2026, @mariannewest's Freewrite Writing Prompt Day 2990: it’s not critical by @daily.prompt.
All images were edited using CANVA.
Somewhere on the planet, January 22, 2026.
It is my responsibility to share with you that, as a Spanish speaker, I have had to resort to the translator Yandex Translate to translate my original Spanish content into English. I also state that I have used the grammar-checking tool Grammarly.


Es una muestra de cómo las enfermedades pueden ser devastadoras no solo para quien las padece, sino también para su entorno.
Además, resalta la importancia de buscar atención médica adecuada y persistir hasta encontrar respuestas.
Es triste que Leocadio no haya encontrado alivio a tiempo, pero también es un recordatorio de lo valioso que es el apoyo humano, aunque a veces no sea suficiente.
!ALIVE
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!HOPE
Basado en un hecho real: la tragedia de Leocadio es el reflejo de un sistema de salud podrido y una educación deficiente. 🏥🥀 Médicos que siguen cartillas por salarios de hambre y pacientes que creen que un té lo cura todo. El final: huesos deshechos. 🦴⚠️ No es grave, hasta que te mata.
Las historias que hablan sobre la muerte, me llaman la atención. Imagino que es esa sensación perversa que me dan esas historias que aparentemente no tienen un final feliz.
La muerte es parte de la vida, de lo cotidiano. Misteriosa como el amor. Algunos le temen, a otros les apasiona, como a nosotros. ¿Qué escritor no ha tenido a la muerte como protagonista en alguno de sus textos?
En mi historia anterior, la muerte apareció al final, y en esta también. No es de extrañar. La muerte puede ser la llegada del amor o la ruptura definitiva de una relación. Es una transición, un paso para alcanzar un nivel superior.
Lo malo es que no siempre llega de un plumazo. A veces se presenta acompañada de sufrimiento, de incertidumbre. Así le llegó a Leocadio, pero también le permitió descubrir a la gente buena, esa que aparece cuando más se necesita.
Yo y mis locuras.
Gracias por comentar, mi querida @tibaire.
!ALIVE
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