Caminar para conectarse con la naturaleza y recordar lo esencial [ESP/ENG]

Caminar en la naturaleza se ha convertido para mí en una práctica constante de regreso al equilibrio. No se trata solo de mover el cuerpo, sino de permitir que el entorno natural dialogue con mi respiración, mis pensamientos y mis emociones. En cada caminata intento ordenar lo interno, escuchar el ritmo del paso y dejar que el paisaje actúe como un regulador silencioso de todo aquello que se acelera en la vida cotidiana.


Desde una mirada consciente, cada sendero recorrido es una forma de presencia. Estoy aquí, respirando, observando, sintiendo y reconociendo mi cuerpo que tenía olvidado. Y eso, en sí mismo, ya es suficiente. La naturaleza no exige explicaciones ni resultados; simplemente ofrece un espacio donde ser, conectarse y reconocerse como parte del todo. Yo espero que cada día podamos darnos esos momentos que erróneamente llamamos de desconexión que en realidad considero que son de conexión plena.


¡Buena Lectura!


portada 2.png


"Contacto con la vida" Caminata consciente en entorno natural


Caminar, respirar y recordar


Hay un momento, casi imperceptible, en el que el cuerpo comienza a sincronizarse con el entorno. La respiración se vuelve más profunda, los sentidos se agudizan y la mente deja de resistirse. Podría hacer referencia a ese empeño que tuvimos de pequeños cuando nos lanzábamos a la aventura de aprender a caminar y no solo sentíamos gozo en cada paso, sino que cada paso era celebrado por el entorno. Luego se volvió tan cotidiano que ya lo incorporamos naturalmente a nuestra vida. Caminar en la naturaleza y en cualquier espacio urbano también, no es solo desplazarse: es entrar en un estado de diálogo biológico y emocional con el ambiente que nos rodea.


Claro que, desde la ciencia sabemos que los espacios naturales favorecen la regulación del sistema nervioso, disminuyen el estrés, mejoran la oxigenación y fortalecen procesos cognitivos y emocionales. El cuerpo responde a la presencia de árboles, aire limpio, sonidos naturales y luz solar como si reconociera un hogar antiguo. No es casualidad: somos parte de ese sistema vivo.


Pero también hay algo que ocurre más allá de los datos y los hechos que estoy acostumbrada a evaluar en mi trabajo como científica. La naturaleza nos devuelve una sensación de pertenencia. Al caminar, el pensamiento se ordena sin esfuerzo y el cuerpo recuerda su capacidad de autorregulación. No hay prisa. No hay competencia. Solo ritmo, respiración y presencia.


En un mundo saturado de estímulos artificiales, que cada vez nos atrapa más, volver a lo natural es un acto de cuidado y de conciencia. Caminar se transforma entonces en una práctica que parece sencilla, pero en esencia es profundamente transformadora. Nos da paz y nos equilibra.


Porque reconectar con la naturaleza es también reconectar con uno mismo.


2 foto.png

IMG20260103144741.jpg


Cada caminata es una oportunidad para observar sin intervenir, para aprender sin forzar respuestas. La naturaleza no da discursos, pero enseña constantemente. Enseña equilibrio, adaptación, pausa, resiliencia. Nos da esa conexión con todas las partes de nuestro cuerpo.


Respirar conscientemente en un entorno natural es permitir que el cuerpo se reinicie. Es volver a una frecuencia más amable, más humana. La respiración profunda, acompañada del movimiento, actúa como un puente entre lo físico, lo emocional y lo mental.


Caminar también es recordar lo esencial: que no necesitamos tanto para estar bien, que el silencio nutre, que el cuerpo sabe, que la vida se sostiene en ciclos simples y sabios.


Por eso comparto estas caminatas y estas reflexiones. No como una meta alcanzada, sino como un proceso vivo. Una invitación a volver al contacto directo con la tierra, con el aire, con el propio ritmo.


Que este espacio sea también para ti un recordatorio: caminar puede ser una forma de meditación, respirar puede ser un acto de conciencia y la naturaleza, una aliada silenciosa en nuestro bienestar.


Caminar para conectarse con la naturaleza es, en el fondo, caminar para recordar quiénes somos cuando dejamos de solo estar perdidos en el día a día. Algo que he experimentado y me gusta mucho es precisamente la meditación activa. Aunque no me he dedicado a estudiar sobre esto, he venido desarrollando algunas herramientas que me funcionan, dejando de lado la creencia que la conexión espiritual solo llega cuando estamos en un ambiente específico para meditar con velas, incienso y en una posición especifica. Experimentar la conexión y la meditación en movimiento como lo llamo también es muy valioso para habitarnos.


English version


Walking in nature has become, for me, a constant practice of returning to balance. It is not only about moving the body, but about allowing the natural environment to enter into dialogue with my breathing, my thoughts, and my emotions. With each walk, I try to bring order to my inner world, to listen to the rhythm of my steps, and to let the landscape act as a silent regulator of everything that tends to accelerate in everyday life.


From a conscious perspective, every path walked is a form of presence. I am here—breathing, observing, feeling, and reconnecting with a body I had forgotten. And that, in itself, is already enough. Nature does not demand explanations or results; it simply offers a space to be, to connect, and to recognize oneself as part of the whole. I hope that each day we allow ourselves those moments we mistakenly call disconnection, which I believe are, in truth, moments of full connection.


Good Reading!


Walking, Breathing, and Remembering


There is a moment, almost imperceptible, when the body begins to synchronize with its surroundings. Breathing becomes deeper, the senses sharpen, and the mind stops resisting. It reminds me of the determination we had as children, when we threw ourselves into the adventure of learning to walk—not only feeling joy in every step, but having each step celebrated by the environment itself. Later, walking became so everyday, so natural, that we simply incorporated it into our lives.


Walking in nature—and in urban spaces as well—is not merely about moving from one place to another: it is entering a state of biological and emotional dialogue with the environment that surrounds us.


From science, we know that natural spaces support the regulation of the nervous system, reduce stress, improve oxygenation, and strengthen cognitive and emotional processes. The body responds to the presence of trees, clean air, natural sounds, and sunlight as if recognizing an ancient home. This is no coincidence: we are part of that living system.


But there is also something that happens beyond data and measurable facts—the kind I am accustomed to evaluating in my work as a scientist. Nature gives us back a sense of belonging. While walking, thought organizes itself effortlessly, and the body remembers its capacity for self-regulation. There is no rush. No competition. Only rhythm, breath, and presence.


In a world saturated with artificial stimuli that increasingly pull us in, returning to the natural becomes an act of care and awareness. Walking then transforms into a practice that may seem simple, but is, in essence, deeply transformative. It brings us peace and restores our balance.


Because reconnecting with nature is also reconnecting with oneself.


Each walk is an opportunity to observe without intervening, to learn without forcing answers. Nature does not give speeches, yet it teaches constantly. It teaches balance, adaptation, pause, and resilience. It reconnects us with every part of our body.

Breathing consciously in a natural environment allows the body to reset. It is a return to a kinder, more human frequency. Deep breathing, accompanied by movement, acts as a bridge between the physical, emotional, and mental realms.

Walking is also a way of remembering what is essential: that we do not need much to be well, that silence nourishes, that the body knows, and that life is sustained by simple, wise cycles.

That is why I share these walks and reflections—not as a goal achieved, but as a living process. An invitation to return to direct contact with the earth, the air, and one’s own rhythm.

May this space also be a reminder for you: walking can be a form of meditation, breathing can be an act of awareness, and nature can be a silent ally in our well-being.

Walking to connect with nature is, ultimately, walking to remember who we are when we stop being lost in the rush of everyday life. One practice I have deeply enjoyed is active meditation. Although I have not formally studied it, I have been developing tools that work for me, letting go of the belief that spiritual connection only happens in specific settings—with candles, incense, and prescribed postures. Experiencing connection and meditation in movement, as I call it, has proven to be deeply valuable for inhabiting ourselves.


Banner Gea.png



0
0
0.000
1 comments
avatar

Intento hacer de la caminata una rutina, pero no lo.logro. siempre pongo un pretexto.
Saludos amiga @geadriana

0
0
0.000