Our real competition / La verdadera competencia nuestra (eng-esp)

Hello, friends!

I've always believed that the path of art is a journey of technical perfection and inner search. Every self-respecting artist invests hours and hours of study. We're always searching for that perfect performance. We're always fighting the frustration of mistakes or fingerings that don't come out right.

For years, I thought that was the only way: to focus on myself, on my sound, on my career. And that's not wrong. However, it's not everything in art, in our careers. Today I'm going to talk about a common mistake many people make, especially when starting out. I'm referring to believing that success is a hurdle race, where other artists are obstacles or rivals to overcome.

I've always noticed this attitude in others around me: colleagues who ignore someone else's achievement, who avoid commenting on a video or sharing a concert. It's as if a like or a word of encouragement were a currency that, when given, would diminish their own value.
I've realized that this silence, this indifference, is a subtle but corrosive form of selfishness.

There are those who believe that the artistic universe revolves around oneself and that recognizing another's light dims their own.

What does it cost us to comment on a post, share it, or recommend a talented colleague?
Absolutely nothing.
It's not money, it's attention. It's empathy. And actions as simple as attending a recital or writing a few heartfelt words about a work can be the boost another artist needs in their daily life. It can make a difference, and it doesn't subtract from us—it adds to us.

Art doesn't grow in fierce competition, but in community. By supporting others, we don't give them something that belongs to us; we strengthen the network that sustains us all. We create an ecosystem where, when it's our turn to give a concert or publish a work, there won't be a void around us, but a community that values ​​and respects our efforts.
Of course, when we do it, let it not be in the expectation of a return. However, he who gives love, receives love. It's a universal law of life.

At the end of the day, I've learned that in art, others aren't our competition, but our companions. Our greatest competition is ourselves, the quality of our work, and our ability to overcome our own limitations.
True growth lies in overcoming our selfishness and building, together, a stronger family.


Versión en español


Hola, amigas!

Siempre he creído que el camino del arte es un viaje de perfeccionamiento técnico y búsqueda interior. Todo artista que se respete, invierte horas y horas de estudio. Siempre estamos en la busca de esa interpretación perfecta. Siempre estamos en la lucha contra la frustración que los errores o las digitaciones que no nos salen bien.

Durante años, pensé que ese era el único camino: enfocarme en mí, en mi sonido, en mi carrera. Y eso no está mal. Sin embargo, no lo es todo en el arte, en nuestra carrera. Hoy les hablaré sobre un error común que muchos cometen. Sobre todo, al iniciar. Me refiero al creer que el éxito es una carrera de vallas, donde los demás artistas son obstáculos o rivales a superar.

Siempre he podido notar esa actitud en otros a mi alrededor: colegas que pasan de largo ante un logro ajeno, que evitaban comentar un video o compartir un concierto. Es como si un like o una palabra de aliento fueran una moneda que, al darla, les restaría su propio valor.
Me he dado cuenta de que ese silencio, esa indiferencia, es una forma sutil pero corrosiva de egoísmo.

Hay de los que creen que el universo artístico gira en torno a uno mismo y que reconocer la luz de otro, opaca la propia.

¿Qué nos cuesta comentar una publicación, compartirla o recomendar a un colega talentoso?
Absolutamente nada.
No es dinero, es atención. Es empatía. Y acciones tan simples como asistir a un recital o escribir unas líneas sinceras sobre una obra, pueden ser el impulso que otro artista necesita en su día a día. Puede marcar la diferencia y no nos resta: nos suma.

El arte no crece en la competencia feroz, sino en la comunidad. Al apoyar a otros, no les damos algo que nos pertenezca; fortalecemos la red que nos sostiene a todos. Creamos un ecosistema donde, cuando nos toque a nosotros dar un concierto o publicar un trabajo, no habrá un vacío a nuestro alrededor, sino una comunidad que valora y respeta el esfuerzo.
Claro, cuando lo hagamos, que no sea esperando una retribución, Sin embargo, el que da amor, recibe amor. Es una ley universal de la vida.

Al final del día, he aprendido que en el arte, los demás no son la competencia, sino nuestra compañía. Nuestra mayor competencia somos nosotros mismos, la calidad de nuestro trabajo y nuestra capacidad para superar nuestras propias limitaciones.
El verdadero crecimiento está en vencer nuestro egoísmo y construir, juntos, una familia más fuerte.



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Sabias palabras mi estimada amiga, en verdad nuestra lucha por ser mejoreses debe ser con nosotros mismos para poder alcanzar nuestro máximo potencial y contribuir a que los demás artistas en el caso del arte o en cualquier otro terreno de la vida alcancen su máximo potencial y que por cierto si es mayor que el nuestro pues maravilloso,damos los que tenemos, cultivamos nuestro propio jardín para sacar se él todos los tesoros que podamos sacar y esa es la virtud. Siempre van a haber personas con más talento que nosotros y que gesto más egoísta que tratar incluso a veces lograr opacar la luz de los otros sólo porque percibimos con razón o sin ella que tiene más talento que nosotros, como si vivir fuera una competencia, privar a los demás y a mí mismo del talento ajeno sólo por una cuestión de orgullo es un acto mezquino que lamentablemente yo creo que ha sido excepción y no regla a lo largo de la historia de la humanidad, es el despertar espiritual que nos ha faltado, que tiene al mundo al borde de la hecatombe y que nos ha hecho que sintamos horror y vergüenza de nuestra especie por las demasiadas páginas oscuras, de odio que se han escrito. Creo firmemente que cuando nos demos cuenta que no estamos separados, que somos parte de un todo, que su luz es mi luz y mi luz es su luz y que promover la virtud colectiva nos enaltece entonces si estaremos realmente viviendo en la Verdad.

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No, no todos estamos viviendo en la verdad, lamentablemente.
Estamos viviendo en una eterna competencia y no nos damos cuenta que, al ayudar a los otros, nos ayudamos a nosotros mismos también. El arte es así, crecemos siempre juntos cuando creamos juntos

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Y se disfruta de obras mucho más inspiradas tanto en la composición como en la ejecución musical cuando se crea en un clima de cooperación. Por la parte de la medicina la competencia dificulta el desarrollo de las capacidades de nuestros colegas y eso es algo que va siempre en contra del bien común y hasta de nosotros mismos, mi padre ha sido médico por más 50 años y siempre me dice, y desde que comencé a estudiarla y a lo largo de mi práctica profesional lo he podido constatar, que la arrogancia y el egoísmo también cuesta muchas vidas, complicaciones y secuelas en los pacientes, es lamentable porque la cooperación y la camaradería creo médicos realmente virtuosos, desde Hipócrates ya se sabía que la Medicina no es una profesión para hacerse materialmente ricos y yo pienso lo mismo del Arte, ambos son una surte de sacerdocios, cuando se realizan poniendo por sobre todas las cosas las posibles ganancias para mi punto de vista y respetando cualquier otro criterio que no coincida con el mío, yo considero que es una aberración del sentido originario con el que surgieron tanto el Arte como la Medicina.

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This is such a beautiful and important perspective 🙌 It's so easy to fall into the trap of competition, but you're absolutely right that our greatest rival is ourselves ✨ Art truly thrives when it's nurtured by a community that supports and uplifts one another 💖 Thank you for this insightful reminder! 💕

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