En silencio.
Se detiene el mundo en la ventana,
mientras el tiempo, ese río lento,
dibujará en el aire de la mañana
lo que calla el alma y dice el viento.
No busques lejos lo que late dentro,
ni pidas luz a una estrella ausente;
la paz reside justo en el centro
de habitar, por fin, el presente.
Somos el verso que aún no se escribe,
la huella suave sobre la arena,
el corazón que en calma recibe
la melodía que el miedo encadena.
Cierra los ojos, deja que el ruido
se vuelva espuma, rastro de sal,
que lo perdido y lo no nacido
se fundan juntos en un cristal.
No hay prisa alguna en la semilla
que bajo tierra sabe esperar,
ni el barco sufre por la orilla
cuando su destino es el ancho mar.
Somos ceniza, pero también llama,
un breve pulso en la inmensidad,
la vieja historia que el tiempo trama
entre el deseo y la realidad.
Aprende entonces de la montaña,
que guarda el cielo sin pretensión,
y de la lluvia que el rostro baña
limpiando el peso del corazón.
Que no te asuste la sombra fría,
pues es el molde donde nace el sol;
toda tristeza es la melodía
que busca el eco de un nuevo amor.

Poema de mi autoría.
Imagen tomada de Géminis IA.
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