The exercise of criticism / El ejercicio de la crítica (eng-esp)

Saludos, amigos de Holos & Lotus.

En mi experiencia como editora y escritora he podido comprobar que la crítica no siempre es bien recibida. Hay ocasiones en que los egos, la inmadurez o la falta de profesionalismo pueden más que la lógica y la humildad.
El problema no está en escuchar o brindar la crítica, sino en cómo se da, en cómo se recibe y, podría decir también que, en dependencia de quién venga la crítica.
Lo digo porque hay dos tipos diferentes de crítica: la constructiva y la destructiva. Respecto a esta última, nunca dejes que ni la maldad ni la opinión de otros te perturban tu paz.


[fuente](https://pixabay.com/ilustraciones/ai-generated- Couple-argument-8153759/)

Todo en la vida está sujeto a la crítica de las personas. Es un hecho. La crítica no es otra cosa que el ejercicio del criterio. Cada quien es libre de ejercerlo sobre lo que ve, lee o experimenta.
Como creadora, lo primero que tuve que aceptar es que al exponer mi trabajo, automáticamente lo someto a ese ejercicio.
Negar ese derecho a los demás es ilógico e ingenuo. La cuestión no es si habrá crítica, sino qué tipo de crítica será y qué haré yo con ella.

Partamos de una base: nadie es perfecto y toda obra, por muy buena que esté, siempre es perfectible.
Bajo esta premisa, la crítica debería ser una herramienta que utilicemos para mejorar, tanto la obra como a la persona dueña de la obra criticada. Es aquí donde se divide el camino.


fuente

Existe la crítica constructiva. Esta es la que procede de una mirada atenta y honesta. Encuentra los puntos fuertes y los resalta con objetividad, porque saber qué se hizo bien es tan importante como saber qué falló.
Luego, identifica los elementos débiles o los errores y, lo más crucial, sugiere cómo podrían corregirse o abordarse de otra manera.
No se limita a señalar el problema; ofrece un camino para la solución. Esta crítica se hace desde la razón, pero también desde un respeto fundamental por el trabajo y la persona detrás de él. Es un regalo.


fuente

Luego está la crítica destructiva. Esta minimiza o ignora por completo los aciertos. Se centra únicamente en resaltar los errores, y tiende a exagerarlos, a demonizarlos.
Con frecuencia, tergiversa el sentido original o incluso inventa fallos que no existen. Su objetivo no es aportar, sino dañar. Se hace con maldad, con envidia, o con la simple intención de desmoralizar. Reconocerla es esencial para no envenenarse con ella.


fuente

Por eso, nunca dejes que ni la maldad ni la opinión de otros te perturban tu paz. De toda crítica, incluso de la más ácida, podemos extraer algo.
De la constructiva, debemos aprender con humildad. No hay que sentirnos atacados ni avergonzados por los errores señalados. Hay que cambiar el punto de vista: no te encontraron un error, te dieron una oportunidad concreta para mejorar.
Agradécelo.

De la destructiva, el trabajo es más de filtro. Si, a pesar del tono venenoso, hay algo de verdad en lo que dicen, extrae ese fragmento útil. Ignora por completo el resto, lo falso y lo malintencionado. No discutas con ello; no vale la pena. Quédate, si existe, con ese mínimo aprendizaje positivo y descarta el veneno.


fuente

Pero quiero advertir sobre algo que a menudo se pasa por alto: peor que la crítica destructiva son los falsos aduladores. Esos que ven tus errores claramente y deciden no decírtelos.
En su lugar, te elevan con falsos elogios, alimentan tu ego diciéndote que todo es perfecto y que cualquier crítica es envidia. De esos halagos nunca aprenderás nada. Te estancarán y te debilitarán. Un crítico constructivo, aunque su verdad duela un poco, es un aliado.
Un adulador es un enemigo encubierto. Aprende a distinguir, y valora a quienes te dicen la verdad con la intención genuina de verte crecer.



Saludos, amigos de Holos & Lotus.

En mi experiencia como editora y escritora he podido comprobar que la crítica no siempre es bien recibida. Hay ocasiones en que los egos, la inmadurez o la falta de profesionalismo puede más que la lógica y la humildad.
El problema no está en escuchar o brindar la crítica, sino en cómo se da, en cómo se recibe y, podría decir también que, en dependencia de quién venga la crítica.
Lo digo porque hay dos tipos diferentes de crítica: la constructiva y la destructiva. Respecto a esta última, nunca dejes que ni la maldad ni la opinión de otros te perturbe tu paz.


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Todo en la vida está sujeto a la crítica de las personas. Es un hecho. La crítica no es otra cosa que el ejercicio del criterio. Cada quien es libre de ejercerlo sobre lo que ve, lee o experimenta.
Como creadora, lo primero que tuve que aceptar es que al exponer mi trabajo, automáticamente lo someto a ese ejercicio.
Negar ese derecho a los demás es ilógico e ingenuo. La cuestión no es si habrá crítica, sino qué tipo de crítica será y qué haré yo con ella.

Partamos de una base: nadie es perfecto y toda obra, por muy buena que esté, siempre es perfectible.
Bajo esta premisa, la crítica debería ser una herramienta que utilicemos para mejorar, tanto la obra como a la persona dueña de la obra criticada. Es aquí donde se divide el camino.


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Existe la crítica constructiva. Esta es la que procede de una mirada atenta y honesta. Encuentra los puntos fuertes y los resalta con objetividad, porque saber qué se hizo bien es tan importante como saber qué falló.
Luego, identifica los elementos débiles o los errores y, lo más crucial, sugiere cómo podrían corregirse o abordarse de otra manera.
No se limita a señalar el problema; ofrece un camino para la solución. Esta crítica se hace desde la razón, pero también desde un respeto fundamental por el trabajo y la persona detrás de él. Es un regalo.


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Luego está la crítica destructiva. Esta minimiza o ignora por completo los aciertos. Se centra únicamente en resaltar los errores, y tiende a exagerarlos, a demonizarlos.
Con frecuencia, tergiversa el sentido original o incluso inventa fallos que no existen. Su objetivo no es aportar, sino dañar. Se hace con maldad, con envidia, o con la simple intención de desmoralizar. Reconocerla es esencial para no envenenarse con ella.

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Por eso, nunca dejes que ni la maldad ni la opinión de otros te perturbe tu paz. De toda crítica, incluso de la más ácida, podemos extraer algo.
De la constructiva, debemos aprender con humildad. No hay que sentirnos atacados ni avergonzados por los errores señalados. Hay que cambiar el punto de vista: no te encontraron un error, te dieron una oportunidad concreta para mejorar.
Agradécelo.

De la destructiva, el trabajo es más de filtro. Si, a pesar del tono venenoso, hay algo de verdad en lo que dicen, extrae ese fragmento útil. Ignora por completo el resto, lo falso y lo malintencionado. No discutas con ello; no vale la pena. Quédate, si existe, con ese mínimo aprendizaje positivo y descarta el veneno.


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Pero quiero advertir sobre algo que a menudo se pasa por alto: peor que la crítica destructiva son los falsos aduladores. Esos que ven tus errores claramente y deciden no decírtelos.
En su lugar, te elevan con falsos elogios, alimentan tu ego diciéndote que todo es perfecto y que cualquier crítica es envidia. De esos halagos nunca aprenderás nada. Te estancarán y te debilitarán. Un crítico constructivo, aunque su verdad duela un poco, es un aliado.
Un adulador es un enemigo encubierto. Aprende a distinguir, y valora a quienes te dicen la verdad con la intención genuina de verte crecer.



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muy buena reflexión


very good reflection

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