Hay que aprender a esperar 🕐 | Pruebas de la Vida (Parte II)

Ha llegado el momento de retomar este espacio esporádico que comencé en el diciembre pasado, y que no había tocado hasta ahora, en busca de otro tema importante que resonara conmigo para desarrollarlo acá.
La vida está llena de círculos. Relojes, llantas, señales de tránsito. Muchas veces incluso sentimos que nuestra propia vida va dando círculos, y si bien hay muchas etapas que asemejan una espiral, ¿es esto cierto del todo?
Aprender a esperar ha sido una de las lecciones por las que he tenido que atravesar. Muchos dicen que "la vida enseña a palos", pero la lección de la espera no es sencilla. Por momentos se puede sentir como una verdadera tortura.
Cuando las cosas no suceden como esperabas o te encuentras en un punto medio entre una acción y el resultado que esperas, o cuando el resultado que esperas depende de acciones constantes en el presente, son muchas las frustraciones que se desarrollan. Miedo, inseguridad, y la sensación de dar más vueltas que el reloj.
Entonces, ¿cómo mantener la calma? Lo primero que debemos de hacer es entender que nos estamos enfrentando a lo desconocido, una especie de letargo temporal en el que aparentemente el tiempo no avanza. Abrazar esta incertidumbre y comprenderla como una etapa pasajera será el inicio para encontrar las luces.
Algo que me ha ayudado muchísimo ha sido la escritura. No me permito mantener muchas preocupaciones en mi mente. Cuando las escribo sobre el papel puedo ver que en muchas ocasiones no son tan grandes como mi mente me hace verlas. Dejo que todo fluya sobre la hoja y poco a poco la tensión desaparece.
Los ejercicios de respiración son también buenos acompañantes. La ansiedad a veces se apodera de nosotros y nos hace cometer acciones que no siempre son adecuadas para nosotros o para lo que esperamos. Por tanto, mantener en calma nuestro sistema nervioso es clave para tener una sensación de seguridad.
Por último y no menos importante, prestarle mucha atención al autocuidado. Mimarnos y tratarnos no con autocompasión, pero sí con dulzura y empatía. Exigirnos mucho para alcanzar algo que no tiene por qué llegar al instante puede ser devastador. Llevarnos al límite trabajando no es bueno ni a corto ni a largo plazo. Como mismo se trabaja es importante descansar y hacer actividades de nuestro agrado.
La vida no es una carrera. Tiene estaciones de meseta y otras donde se escala rápidamente, y aprender a vivir entre una y otra, recibirlas y atravesarlas con serenidad es una manera de vivir saludablemente.
Espero que este post haya sido de su agrado. Nos leemos pronto en otra ocasión. ¡Hasta la próxima!
Una lección de vida la que nos ofreces en tus palabras. ¡Gracias!
Hay en la lectura, Claudiño, respuestas para muchas cosas. Y en la escritura, una especie de caos y serenidad que no deberíamos desdeñar.
Tu reflexión se agradece en tiempos como estos.
Un abrazo ✍️