[Esp./Eng.] Crónica de un Bordón Scouts que cruzó de las cumbres de El Ávila a los bosques de Ontario. || Chronicle of a Bordón-Scouts who crossed from the peaks of Ávila to the forests of Ontario.



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Hay objetos que guardan la memoria de los pasos dados. Para muchos, un bordón es solo una vara de madera; para quien ha hecho la promesa scout, es un punto de apoyo, una extensión del brazo y un testigo mudo de kilómetros de aprendizaje. Al cerrar los ojos, todavía puedo sentir la textura de la madera contra mi palma y el peso de la mochila en los hombros, una sensación que me transporta de inmediato a la Venezuela de la década de 1970. Invitado por mi amiga @issymarie2 en su publiucación Scouts: lo que quise ser y nunca fui... nudos de valores que se deshicieron, descubrí esta hermosa iniciativa Siempre listos! Los Scouts y su filosofía educativa propuesta por los amigos de @hive-ar. Aquí les echo el cuento.


Crónica de un Bordón Scouts que cruzó de las cumbres de El Ávila a los bosques de Ontario

Tenía quince años, esa edad en la que el mundo parece un mapa por desplegar. En aquel entonces, ser scout en Venezuela era sumergirse en una hermandad que olía a fogata y a eucalipto. Fueron tres años intensos, truncados solo por el vendaval de la vida universitaria, pero la semilla ya estaba sembrada. Tanto así que, años más tarde, entre los 28 y los 35, el llamado de la montaña volvió con fuerza. No éramos ya niños con insignias, sino hombres buscando la esencia en las cumbres de El Ávila. Crucé esa montaña de extremo a extremo con excursiones anuales que duraban un par de semanas. Durmiendo bajo las estrellas que vigilan el Caribe, entendiendo que la naturaleza no es algo que se visita, sino un hogar al que se pertenece. Extraño el Pico Naiguata.


La vida, con sus vueltas caprichosas, me trajo a Ontario, Canadá. Aquí, el paisaje ha cambiado..., los verdes intensos de la selva nublada han dado paso a los ocres y amarillos de los arces y los bosques templados. A menudo, sentado frente a mi ventana, veo pasar grupos de Scouts Canada. Ver sus pañoletas y su paso decidido me llena de una nostalgia luminosa. En Venezuela, la actividad scout atravesó años de sombras y descenso, pero me llena de alegría saber que desde 2025 ha tomado un nuevo impulso, recordándonos que las instituciones nobles siempre encuentran el modo de renacer. Aquí en Canadá, la tradición se mantiene firme, recordándome que los valores de servicio y liderazgo son universales.

Ahora, mi mirada se posa en Matthew, mi hijo. Él ha transitado su propio camino de resiliencia, superando desafíos de salud con una fortaleza que me asombra. Hoy, verle estable y destacando en la escuela me confirma que está listo para su propia aventura. Ontario ofrece un escenario inigualable para que él descubra lo que significa ser "well-rounded youth" (un joven integral), tal como reza la misión de Scouts Canada. Quiero que él aprenda a leer una brújula, pero también a leer el corazón de sus compañeros; que aprenda a encender un fuego, pero sobre todo a mantener encendida la llama de la curiosidad y la empatía.


Inscribirle en los Scouts no es solo buscarle un campamento; es entregarle una herencia. Es decirle que el bordón que yo empuñé en las laderas de Caracas sigue vivo en los senderos de Canadá. Es la oportunidad de que viva la "no ficción" de la convivencia pura, del respeto por el entorno y de la satisfacción de decir, con convicción: "Siempre listos". Porque al final, no importa en qué parte del mapa estemos, un scout siempre encuentra su norte en el servicio y su hogar en la inmensidad del cielo abierto.

A veces me pregunto qué es lo que realmente hace que un joven se transforme al ponerse una pañoleta. Al observar el video de los Scouts de Canadá y Scouts de Venezuela, 111 años de Escultismo., entiendo que el beneficio va mucho más allá de aprender a hacer nudos o identificar rastros de animales. Pertenecer a este movimiento es, en esencia, un antídoto contra la fragilidad emocional que a veces impone la era digital. En un mundo de gratificación instantánea, el escultismo enseña la resiliencia del "aprender haciendo". Para jóvenes como Matthew, y para tantos otros, el beneficio reside en el descubrimiento de su propia autonomía, la confianza que nace al armar una carpa bajo la lluvia o al liderar un equipo en una ruta desconocida es algo que ningún libro de texto puede replicar. Es la formación del carácter a través de la experiencia pura, moldeando ciudadanos responsables que no solo habitan el mundo, sino que buscan mejorarlo.


Esta reflexión me lleva a una convicción profunda de que definitivamente los valores scouts no deberían quedarse solo en los campamentos de fin de semana; deberían permear las paredes de nuestras aulas escolares. En la actualidad, donde la educación formal a menudo se centra en la competencia académica y el resultado numérico, las "creencias" scouts —el servicio desinteresado, el honor, la lealtad y el respeto por la naturaleza— ofrecen el marco ético que le falta al currículo moderno.

Introducir el espíritu del escultismo en la educación formal significaría transformar el aula en una comunidad de aprendizaje colaborativo. No se trata solo de enseñar ecología, sino de fomentar una conciencia ambiental activa; no es solo hablar de democracia, sino de practicar la responsabilidad cívica en cada proyecto grupal. Si logramos que la escuela adopte esa máxima de "dejar el mundo en mejores condiciones de como lo encontramos", estaríamos formando no solo profesionales exitosos, sino seres humanos íntegros.


Cuando veo a los grupos cruzar frente a mi cabaña, entiendo que el escultismo es una pedagogía del amor y la acción. Es necesario que ese "Siempre Listos" deje de ser solo un lema de grupo para convertirse en una actitud ante la vida, enseñada desde el primer día de escuela. Porque, al final del día, el verdadero éxito no se mide por lo que sabemos, sino por cómo usamos ese conocimiento para servir a los demás y proteger el hogar común que es la naturaleza.








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Dedicado a todos aquellos que, día a día, hacen del mundo un lugar mejor.














There are objects that hold the memory of the steps taken. For many, a walking stick is just a piece of wood; for those who have made the Scout promise, it is a point of support, an extension of the arm and a silent witness to miles of learning. When I close my eyes, I can still feel the texture of the wood against my palm and the weight of the backpack on my shoulders, a sensation that immediately transports me back to Venezuela in the 1970s. Invited by my friend @issymarie2 in her post Scouts: what I wanted to be and never was... knots of values that came undone, I discovered this beautiful initiative Always ready! The Scouts and their educational philosophy proposed by our friends at @hive-ar. Here's the story.


Chronicle of a Bordón-Scouts who crossed from the peaks of Ávila to the forests of Ontario

I was fifteen, that age when the world seems like a map waiting to be unfolded. Back then, being a scout in Venezuela meant immersing yourself in a brotherhood that smelled of campfires and eucalyptus. It was three intense years, cut short only by the whirlwind of university life, but the seed had already been sown. So much so that, years later, between the ages of 28 and 35, the call of the mountains returned with a vengeance. We were no longer children with badges, but men searching for the essence of life in the peaks of El Ávila. I crossed that mountain from end to end with annual excursions that lasted a couple of weeks. Sleeping under the stars that watch over the Caribbean, understanding that nature is not something to be visited, but a home to which one belongs. I miss Pico Naiguata.


Life, with its capricious twists and turns, brought me to Ontario, Canada. Here, the landscape has changed... the intense greens of the cloud forest have given way to the ochres and yellows of maple trees and temperate forests. Often, sitting in front of my window, I see groups of Scouts Canada passing by. Seeing their neckerchiefs and their determined stride fills me with a luminous nostalgia. In Venezuela, Scouting went through years of decline, but I am delighted to know that since 2025 it has gained new momentum, reminding us that noble institutions always find a way to be reborn. Here in Canada, the tradition remains strong, reminding me that the values of service and leadership are universal.

Now, my gaze falls on Matthew, my son. He has walked his own path of resilience, overcoming health challenges with a strength that amazes me. Today, seeing him stable and excelling at school confirms to me that he is ready for his own adventure. Ontario offers an unparalleled setting for him to discover what it means to be a well-rounded youth (https://scouts.ca/), as stated in Scouts Canada's mission. I want him to learn to read a compass, but also to read the hearts of his peers; to learn to light a fire, but above all to keep the flame of curiosity and empathy burning.


Enrolling him in the Scouts is not just about finding him a camp; it is about giving him a legacy. It is about telling him that the walking stick I wielded on the slopes of Caracas lives on in the trails of Canada. It is an opportunity for him to experience the ‘non-fiction’ of pure coexistence, respect for the environment and the satisfaction of saying, with conviction: ‘Always ready’. Because in the end, no matter where we are on the map, a scout always finds his north in service and his home in the immensity of the open sky.

Sometimes I wonder what it is that really transforms a young person when they put on a neckerchief. Watching the video of Scouts Canada and Scouts of Venezuela, 111 years of Scouting., I understand that the benefits go far beyond learning to tie knots or identify animal tracks. Belonging to this movement is, in essence, an antidote to the emotional fragility that the digital age sometimes imposes. In a world of instant gratification, Scouting teaches the resilience of ‘learning by doing.’ For young people like Matthew, and for so many others, the benefit lies in discovering their own autonomy. The confidence that comes from pitching a tent in the rain or leading a team on an unfamiliar route is something that no textbook can replicate. It is character building through pure experience, moulding responsible citizens who not only inhabit the world, but seek to improve it.


This reflection leads me to a deep conviction that Scout values should definitely not be confined to weekend camps; they should permeate the walls of our school classrooms. Today, where formal education often focuses on academic competition and numerical results, Scouting ‘beliefs’ — selfless service, honour, loyalty and respect for nature — offer the ethical framework that is lacking in the modern curriculum.

Introducing the spirit of Scouting into formal education would mean transforming the classroom into a collaborative learning community. It is not just about teaching ecology, but about fostering active environmental awareness; it is not just about talking about democracy, but about practising civic responsibility in every group project. If we can get schools to adopt the maxim of ‘leaving the world in a better condition than we found it’, we would be training not only successful professionals, but also people of integrity.

When I see groups passing by my cabin, I understand that scouting is a pedagogy of love and action. That ‘Be Prepared’ motto needs to stop being just a group slogan and become an attitude towards life, taught from the first day of school. Because, at the end of the day, true success is not measured by what we know, but by how we use that knowledge to serve others and protect our shared home, which is nature.








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Dedicated to all those who, day after day, make the world a better place.











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Que agrado leer tu partición, y wow fuiste scout y ahora tu hijo también lo es, es como o una herencia de valores inigualables.
Hoy en día faltan esos valores, pero también los lazos de amistad que se forjan, por qué en cada aventura nace un amigo que al pasar el gkemlusw vuelve en un hermano.

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Gracias, amiga… Aún Matthew no se ha integrado; estamos esperando que cumpla los 10 y el visto bueno de su médico, ya que, como sabes, él padeció de la misma enfermedad que se llevó a Sofía, pero con el desarrollo médico en estas tierras, ha superado, ha sido un héroe que ganó la batalla.

Un abrazo de oso. Bendiciones. ❤️

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Sofia es su ángel y de paso pediré a los míos que den un empujoncito para que Matthew este muy bien, y estoy segura que será un gran scout, y el día de mañana relatara a sus hijos el como su abuelo y él mismo fueron scouts viviendo grandes aventuras.

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Ser scout es algo que pasa de ser solo compartir y aprender, a ser parte del ADN de quien lo es. Eso es como manejar bicicleta, no se olvida jamás.
Gracias por participar en la iniciativa de nuestra comunidad.

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Mientras preparo mi bicicleta para un entrenamiento profundo del día de mañana, acompañado por el clásico mate amargo argentino, me dispongo a leer esta publicación que realmente me encantó. Particularmente estas reflexiónes tan profundas y sustanciosas, es lo que me enamora del ecosistema de Hive.

Palabras más, palabras menos, me quedo con la reflexión de que no solo se trata de hacer fuego, sino mantener la llama encendida en cada corazón con las cuales interactuamos.

Gracias por prenderte a la iniciativa y entregar un contenido tan sustancioso.

Saludos desde la Argentina estimado autor.
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Un escrito hermoso cargado de experiencias, reflexiones y un gran aprendizaje. Que bien que hayas pasado por dos etapas de tu vida con los scouts, son vivencias que dejan huella. Saludos.

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